Activar la memoria para recuperar imágenes sesgadas captadas por la retina púber, o lo aprehendido durante el tiempo;
es un ejercicio para someterse a prueba, mas aun después de casi medio siglo.La información sensorial debe ser codificada en elementos manipulables o de salida para expresarlos atraves de recuerdos, dando forma a la memoria y libertad a las emociones, y vencer al olvido.
Estos códigos expresados como unidades fragmentadas del conocimiento práctico, se deben recuperar y lanzarlos atraves del hilo invisible como una evocación duradera, osea y traer a la conciencia los archivos antiguos que demandan mucho esfuerzo en codificarlas.El olvido es algo normal, incluso necesario, nos evita almacenar datos en exceso, es imposible recuperar todo lo aprehendido y vivido a lo largo de la vida, se trata de recordar solo lo fundamental. Y que es lo importante para ti.? Muchos desecharon el back up de sus vidas infantiles/adolescentes/juveniles por caducidad? Claro, almacenaron en la memoria a corto plazo cache o en la periferia del hipocampo…Que habrá pasado.?, si los recuerdos se conservan de por vida y en nuestro ordenador podemos guardar información equivalente a millones de libros.
“Recuerdo que fue ayer, en mi memoria aún retumba los golpes terrosos de la hecatombe natural del domingo. Un suave movimiento desde el interior del suelo en un pedazo de corteza encerrada por las cordilleras, fue el aviso imperceptible de la confrontación con los hombres, la naturaleza sin piedad bamboleó al Callejón, los nevados mas helados que nunca soportaban sus propios efectos, pero ellos
fuertes como moles inertes atónitos. Los que percibieron el lento movimiento dejaron la siesta inconclusa y volaron a las estrechas calles, con todo lo que tenían, incluso con sus almas, algunos para bien otros y para emprender el viaje,como los truenos que retumban en sus adentros, resonaba el subsuelo, en instantes el caos se apoderó de nuestras emociones, y miles quedaron truncadas.
Otro sacudón en tiempos imperceptibles, en sentido horizontal y en direcciones distintas; las casas sucumbieron como castillos de arena de infantes que jugaban con sus fantasías, los muros enlucidos de yeso temblaron como vaivenes y empalidecieron
por sus temores ajenos, los adobes se estrujaron y retornaron a su forma original, es decir tierra, las tejas se pusieron mas rojas que ayer antes de que el Sol se ponga.
Por fin,un último movimiento sepultó a endebles e indefensos hombres que estaban entre los terrados y la vida, caían y se hundían entre los adobes de una ciudad.El polvo del desastre intentó ascender hasta la atmósfera, pero las nubes la apaciguaron rápidamente.
Había empezado la tragedia, todos buscaban a alguien, la naturaleza con sus glaciares como gigantes blancos de las inhóspitas cumbres y el río como serpiente de agua inmutable escuchaban nuestros dolores y lamentos, seguramente alguien nos escucharía, pero ahora ya es muy tarde.
jueves, 31 de mayo de 2018
miércoles, 30 de mayo de 2018
Domingo 31 de mayo de 1970
La
mañana está un poco fría como siempre, Huaraz y el callejón de Huaylas cubierto
por una bóveda azul y sus nubes blancas como algodones surcan el cielo desde
Centenario hasta Bellavista y desde el Puente San Jerónimo-Los Olivos hasta
Pumacayan.
Estudio
en el colegio La Libertad, la botánica me apasiona, tengo el herbolario a punto
de terminar para mi presentación en
junio; solamente me falta algunas raíces tuberosas y hojas aserradas, Hernán Henostroza es mi profesor cariñosamente para nosotros “mitrón” por su amplia frente.
El
profesor Luis Vergara Palacios por su baja estatura lo llamamos “Vergarita”; amante
de la filosofía, gracias a él; tenemos un juicio crítico sobre la realidad social,
la vida y la muerte.
Para
mañana tengo tarea de lenguaje, no tengo la bibliografía a la mano; en la tarde
iré a la biblioteca municipal. La Instrucción Pre - Militar, IPM es fuerte; el
nuevo suboficial llegado de Lima, es muy “verde”; nos está convirtiendo en
soldados del servicio militar obligatorio, estoy con el cabello crecido y tengo
que ir a la peluquería de la calle Comercio.
Ya
en la tarde; no fui a la peluquería tampoco a la biblioteca, mi madre me resondró
hasta casi darme a correazos, esta mañana como nunca fui “malcriado”, mi
comportamiento fue extraño, casi nunca le desobedecía.
Vivimos
en una casa entre en el jirón Cajamarca a una cuadra de mi colegio, cerca de la
panadería Robles y la Escuela Primaria 3449 Toribio de Luzuriaga y unas duchas públicas.
Don
Juan (*) tiene un borrego, le llamamos Pancho, lo capeamos como un torete en el
patio de la casa con Luis (*) y Marco (*), hijos de don Juan y Benigna. (*)
En
la tarde, con Pancho y los muchachos del barrio fuimos a la cancha de mi
colegio, detrás del Salón de Actos, peloteando y toreando al animal, otros
distraídos en cosas de chiquilladas.
Son
las 3.24 de la tarde, Pancho se queda pasmado, percibe el movimiento telúrico,
la tierra se remece como un vaivén, nos abrazamos en círculo con Pancho al centro,
un remezón mas intenso en sentido contrario y otro de abajo hacia arriba como
una gran ola. La ciudad se oscurece con la polvareda, las casas se desploman
sobre los postes y los cables eléctricos “vibran” como tensas cuerdas, caen los
muros de adobes y “vuelan” las tejas, los vecinos salen despavoridos y son
aplastados en la calle, algunos se salvan. Nosotros seguíamos asustados e inmóviles,
era una eternidad.
Salimos
rápido atraves del cerco de mallas y no ubicamos la casa; donde reina la
confusión y desesperación; los desmontes han desfigurado el trazo de las calles
y manzanas, todo está irreconocible. Es asfixiante, no hay agua en las cañerías.
-
¡Agua...agua...! la gente grita.
-
No es el aluvión como en diciembre de 1,941 - Pensé, como me había contado mi
madre.
La
gente de las duchas, con tollas y casi desnudos corriendo sin saber adónde, otros
enterrados hasta el cuello tirados y aplastados, muchos heridos. Es un griterío
y caos total, todos piden auxilio. En la casa destruida, don Juan protege la
puerta de su sencilla bodega con adobes que el sismo no pudo quebrar.
-
Mi mamá, mis hermanas donde están. -Preguntamos a Don Juan.
-
Ella está adentro, tus hermanas se han ido al cine Radio. –Respondió.
Con
Luis y Marco no sé cómo entramos a lo quedaba de la casa, en el pequeño jardín
Doña Benigna abrazada al árbol de melocotón rezaba incesantemente.
-
Mi mamá. - Le pregunté.
-
Se ha ido al horno de Ocopampa.
-
Y mi hermano Víctor. -Volví a preguntarle.
-
No está aquí, se fue con ustedes.
Luis
y Marco caminando o casi corriendo sobre los desmontes fueron al Cine Radio hasta
el jirón Comercio, a buscar a sus hermanas Alejandra (*) y Juana, (*) que no lo
encontraron.
Voy
a Ocopampa, cerca al Mercado (Chico) Central N° 2, mi madre volvía tambaleante sobre
los escombros con su canasta vacía, la cabeza sangrando, las canillas con
llagas y las rodillas heridas. Llorando ante tanta gente agonizante, casi cayendo
sobre los desmontes y terrados, llegamos a la cancha de mi colegio; es nuestro refugio.
El
cielo de Huaraz está oscureciéndose, parecía que ya iba anochecer, pero aún era
temprano, seguían llegando vecinos sobrevivientes a la cancha, con sus
familiares heridos, tendidos sobre colchas o simplemente sobre el suelo, unos
agónicos, otros graves, muchos deambulando por la desaparición de un familiar o
vecino, otros ya cadáveres sin sus almas.
Mi
madre avisa a don Juan que mi padrino Joaquín (*), vecino del barrio está vivo
entre los escombros en su zapatería; sobre él ha caído el techo del segundo
piso. Escuchamos su auxilio a varios metros abajo, con barretas, serruchos, mantas
y sogas lo rescatamos aún con vida.
Oscurecía
trágicamente; don Robles regala panes y cuayes, aunque duros están deliciosos; la
tierra no cede; sigue temblando, pero con menor intensidad, la guardia civil pide
tranquilidad, ronda por los restos de la “ciudad bombardeada” alumbrando sus luces
al cielo. Olga fue tumbada por los adobes estando embarazada, agónica encarga a
su comadre doña Benigna que cuidare a su hija Irma, que ha ido a la fiesta infantil
en su escuela Santa Elena en la Plaza de Armas.Mientras a Gustavo su marido, se
le pasó la borrachera y llora su muerte.
Entre
ayes y llantos, el silencio de los muertos y temblores, al fin todos vivos, anoche,
fue terrible, pero alcanzamos al lunes, mas frío que siempre, el cielo era una
bóveda oscura, con sus nubes rasgadas por las almas que partieron. Esa noche se
hizo interminable.
(*)
Los nombres de las personas han sido cambiadas. Tonivil de la Rueda Lima, setiembre 1978
domingo, 27 de mayo de 2018
El río,las rocas y el idilio
EMBELESO
NATURAL
Soy el río
que discurre por tus formas
naturales de
mujer, cautivas mis moléculas
y cantos
rodados en tu seno, y ovoides
tus siluetas
de los cauces.
Eres la
piedra sentada en cada meandro
de mis aguas,
tibias en la noche con
el alba y el
sol, te llamo desde la
corriente,
con voz hídrica de mis lamentos
No puedo
detenerme en los arroyuelos
tocarte un
instante es mi delirio
ríes y no te
inmutas, siempre estas
pasiva a la
orilla de mi lecho.
Cuando
deseo arrastrarte a mi corriente
y
en mi almohada de arena, grava y
musgos,
remolinando juntos, chapuceando
hasta
el delta del desenlace.
Tantas
piedras radiantes y blanquecinas
por
la luz y mojadas por mí sed
luego
de la meseta, exhausta te sientes
y
muda, tapada en tu sombra.
Celoso
de ti, por los tupidos alisos
que,
en abanico te pide de lo alto
petrificar
con la clorofila de su tronco
la
corteza y el viento rozan las ramas.
En
la noche croando y palmoteando,
tus
formas, mas el silencio subterráneo
de
melodías que a través de tu monte
retumba
en el fondo de mi cauce.
Sigo
sobre ti, mis aguas mojan tus
costados,
a veces con tierra y turbidez
horadando
como cada luz
y
cada gota de mis elementos.
Espectáculo
nocturno, bajo las estrellas
sombras
y sauces, entre el murmullo
de
lo biótico, inerte lleno de orgullo
apacientas
mis hidrógenos, junto a ella.
Con las
ansias consumadas, en la Petra
empozado en
las algas y hojas de berros
agotado, río
cansado en tu seno,
como torrente
y fuego en lo más hondo.
Ya
en el cristalino, en el horizonte entre
muchas
graníticas y arroyos enseñoreados
del
caudal, navego cerca al monte
extasiado
al caer sobre el desnivel.
Lejos habrá
otras rocas, azulejas y oscuras
y no
blanquecinas, mis aguas también serán
otras,
yacientes en el mar, a lo lejos
serás siempre piedra
sentada.
Tonivil de la Rueda
del poemario "Hilando Sueños"
sábado, 12 de mayo de 2018
RECUERDO MATERNAL
RECUERDO MATERNAL
Mujer, hecha
madre de mis días
corajuda,
como las indias del aposento.
Vives, tras
tus pupilas entristecidas
en el
trajinar curvilíneo del tiempo.
En tus manos
forjaste, héroes y hombres
con tu
inteligencia creaste, niños arcángeles
obedientes al
mandato, alrededor de tu manto
por el
oriente, sesga tu quebranto.
Cual destino
hiere tus pasos
entre el amor
y vivencias guardadas,
en tu faz
disciplinada de madre fuerte
y de caricias
imperecederas al infante.
Como el tufo
volcánico, que desde la tierra
emerges con fuerza
indígena del Tahuantinsuyo.
Te yergues sobre el
sacrificio y el ensayo
de tu fortaleza en un
molle lacrimal.
Cuanta vida atesoras
en tus hijos
que, como sombras
viajeras, pernoctan
a través del codo, a
las manos del espejismo.
En el camino
tortuoso, esperan.
Canastas llenas de miseria,
cargabas
en las lloviznas
andinas, de trenzas negras
de la oscuridad y de
vértebras callosas
que, como el pan de
cada día, permaneces.
Te marchaste en octubre,
entre arenales
del Canto grande, y
en tu apacible
mirada, esperas
despertar del sueño,
cual visita pactada
desde mi nacimiento.
Ahora no estás en mi cabecera, mas reflejas
presencia espiritual
hasta el amanecer, mas
añoro tu susurro, que
desde el cielo
derramas, madre bendita.
1996
Tonivil de la Rueda
Del poemario "Hilando sueños"
31 de mayo 1970
X X X
I
Dos cordilleras adyacentes al teorema, enfrentados
por la
picardía de sus hombres,
que topan y penetran hasta el cañón.
Entre el bosque andan sueltos, leñadores
idiotas que con sus propias carcajadas
usurpan la sólida y brillante nieve.
Mas los cerros se encogen, desde lejos
y guerrean en pos de la ciudad, cayendo
en mayo, polvoriento.
Corren al final del callejón, como niños
sin haber nacido, ante la perpetua
mirada
vigilante del causante.
Los muros corren entre adobes
y tejas en mis noches de aquella plaza
victoriosa de mi infancia.
¡Que fuerza de asolar a las almas
de las quebradas, que en un tiesto,
rayan entre las cenizas y el carbón.!
La taza de café es mas amargo
frente a los escombros, mueres
cada instante como pesadilla de barro
Hoy la escuela está vacía,
si es que existe todavía, pienso
o intuyo que hay mucho hedor.
La nieve ya no será mas perpetua
sobre mis pies, mas el hielo arde cubriendo
las tibias callejuelas de mis andanzas.
Setiembre 1,988
La catedral de Huaraz, después del sismo de 1,970
viernes, 11 de mayo de 2018
HISTORIAS LIBERTANAS I -1969 -ANTES DEL SISMO DE 1970
El colegio Nacional La Libertad de Huaraz, ocupaba hasta antes del sismo de mayo de 1970 el Convento de la Recolección de San Francisco , una vetusta arquitectura de inicios de la época republicana que rescataba el modelo español construido en torno a tres patios centrales, estaba construido con adobones y techo de tejas rojas , fachada blanca frente a la Alameda Miguel Grau del barrio de San Francisco, la parte frontal de dos pisos, balcones con baranda de madera y un gran escudo nacional en el centro, sobre el segundo piso un pequeño ático con un vano circular debajo del voladizo a dos aguas.
Con grandes ventanales de madera con rejas de fierro en la fachada del primer piso donde funcionaba la Dirección y otras áreas administrativas, gran portón de madera marrón el ingreso principal. Al interior un pequeño primer patio; en el segundo piso las aulas, donde presentábamos las exposiciones de Anatomía y exhibíamos el esqueleto del cuerpo humano o la disección de un conejo o un ave en Zoología, también la presentación de cientos de hojas, raíces y flores de plantas disecadas.
Atraves del ancho pasillo decorados con una cornisa de molduras de yeso, nos conducía a un patio-jardín y en los corredores con arco de medio punto; estallaba nuestra alegría, estaban las mesas de tenis de mesa. Íbamos muy temprano para agarrar mesa, jugamos en pareja o individual, igual en el recreo nos lanzábamos sobre las mesas para “agarrarlas” o tirábamos desde lejos nuestras cristinas en señal de ocupación, o si no, lo resolvíamos a la salida a “puño limpio “atrás del Salón de Actos y con todas las reglas de las “broncas”, cada peleador con su barra. Por esto nunca fuimos al psicólogo; tampoco nuestros padres se quejaron de algo.
Al fondo el gran patio de formación, usado como campo de fulbito y básquet. La palabra “formación” era la más adecuada; cabello corto, zapatos bien lustrados, mirada al frente, uniforme comando” caqui” completo, ¡Pobre de ti !, si en tu corbata tenías dibujado algo que te volvía fanático de la moda o estaba deshilachada “shilpi-shilpi” o tu cristina no tenía el rombo, o tus galones estaban sueltos. Al suboficial flaco y lisuriento, que remplazó a Serruto, era imposible hacerle algún desmán o algo que inquiete la formación, recuerdo que a los alumnos del quinto año le sacaba la crecida barba uno por uno. Alguien soltó una pelota y el clásico “ármala chompitas” no se dió, como en los recreos un balón suelto todo el mundo peloteaban hasta tirarla fuera del patio. Todos quietos; el “cachaco”, detectó que fila soltó ese balón, pobre de ellos con las ranas y canguros por media hora.
Los brigadieres “hacían turno” en las esquinas antes de llegar al colegio, eran los primeros en revisar tu uniforme y controlar tu actitud fuera del colegio, eran el “filtro” para que no caigas en rigor y seas la piñata del “cachaco”. Cuando pasábamos cerca de ellos lo saludábamos militarmente. Había respeto y confianza. La última puerta de “escape” era una reja de madera; nos conducía al campo de futbol de tierra del colegio, por supuesto también al “ring de peleas” que colindaba atraves de una malla metálica, algunos sauces y un muro de adobes con una calle ancha que no recuerdo su nombre; En las clases de IPM al pitazo corríamos a la ladera y entrenamos para la “guerra”, rampando sobre el barro; los ágiles cruzaban rápidamente, los “pesados “caían” a la acequia que corría desde la Escuela Normal Indacochea hasta el local del ministerio de Transportes.
El Salón de Actos era un local adjunto al lado izquierdo, frente a un frondoso y añejo árbol de poroto, celebrábamos fechas festivas, presentaciones culturales y otras especiales por aulas. Estudiábamos tarde y mañana, era exclusivamente de varones, el director en esos tiempos fue el profesor cuzqueño Fabio Solís Soria, un buen director. Las jornadas libertanas eran actividades para recaudar fondos y mejorar la banda de músicos; que estaban deteriorados o para cubrir otra necesidad escolar del colegio. Para ello, la banda de músicos tocaba su repertorio en los mercados, la gente apoyaba con mucho cariño. Nos dirigíamos a la Plaza de Armas y lavábamos los vehículos, otros pintaban las paredes de las casas y así otras actividades. En la tarde llegamos al colegio con el tarro lleno de monedas y a contar lo recaudado. La gente huaracina aportaba, porque veía nuestra insignia vencedora en mil campos de batalla y prestos al cumplimiento del deber. Con el ejemplo bastaba.
En nuestros aniversarios, los paseos de antorchas eran espectaculares, el profesor Pineda (cariñosamente Guacamayo) de Educación Artística te ponía la nota del curso. Los alumnos del cuarto y quinto años; presentaban la estatua de la libertad de cinco metros de altura, se soportaba con palos en la parte posterior, tenían que inclinarlo para pasar los cables eléctricos de las calles, el galeón romano con todo la soldadesca e indumentaria, daba la sensación que retrocedíamos en el tiempo y espacio ; el dragón que arrojaba fuego por la boca, los tanques de guerra montados sobre triciclos con soldados con escopetas de madera; que el portero Sr. Quito nos lo prestaba, para ello nuestros uniformes “caki” eran teñidos a los rangers.
En el mes de junio para el desfile de Fiestas Patrias ya preparábamos nuestros cascos en los moldes de yeso, el mío quedaba de reluciente verde. Siempre cerrábamos el desfile, mientras nuestra banda de músicos entonaba las marchas “Sesquicentenario” y “Los peruanos pasan”. En ese tiempo estaba como presidente de la República el general Juan Velasco Alvarado y la banda se esmeraba por tocar esas marchas que estaban de moda; y nosotros siempre innovando. Casi siempre obteníamos el Gallardete y el Sol Radiante. Nuestro compromiso de honor era con la patria. Una lástima que el año que egresé obligaron a usar el uniforme único.
Por nuestro aniversario en el cuadrangular de futbol, en el estadio Rosas Pampa se jugaba contra San Pedro de Chimbote, San Juan de Trujillo, Santa Inés de Yungay y por supuesto la GUE Mariscal Toribio de Luzuriaga, campeonamos ante este último. Al compás de huaynos y marchas festejando de alegría y júbilo, fuimos al colegio en caravana, en el trayecto nos caía algunas piedras y pifias, seguramente por aquellos que no sabían perder con hidalguía. Fue un mal recuerdo.
“Ser Libertano es Compromiso de Honor”
Antonio Vilca Ramírez Ex – Libertano. Promoción “Pedro Pablo Atusparia” 1973
domingo, 6 de mayo de 2018
Las diez calles a la Plaza de Huaraz
A la Plaza de Armas de Huaraz se llegaba por diez calles, desde
los cuatro puntos cardinales conducían directamente a las plazuelas de los
cuatro barrios, excepto el de San Francisco. Por el Este las que bajaban desde
la Plazuela La Soledad, la calle Bolívar
mas conocido como Quichqui Calle, "Hichky Nani" los que vivían en Molinopampa y Pumacayán
generalmente bajaban por esta vía,
llegando hasta la esquina del banco de crédito. El jirón Sucre que conectaba directamente la Plaza y la Plazuela de
La Soledad donde saboreabas una deliciosa raspadilla; y cada Viernes Santo entre
lluvias pasajeras subía el Nazareno, se ubicaba también la librería López, la
Sociedad de Auxilios Mutuos de Artesanos y Oficios y otras tiendas.
El jirón La Mar donde
se encontraba una librería de puerta celeste justo en la esquina con el Jr.
Castilla, el mercado N° 2, de dos entradas con grandes portones verdes; la tienda
Santillana y casi al final el puquio de Santa Casa, el horno de don Roberto y
volteando el colegio de mujeres Santa Rosa de Viterbo.
Por el Oeste las calles que bajaban a la Plazuela de Huarupampa,
el jirón Echenique, había muchas tiendas comerciales y conectaba directamente a la plazuela
llegando a la iglesia, continuaba la vía
maltrecha por una bajada, íbamos al oconal
(bosque), donde cazábamos sapitos y chapuceábamos en la acequia ; y sobre el
pantano entre eucaliptos saltábamos, apostando quien no se hunde; a veces
salíamos directamente al estadio Rosas Pampa, por el rio Hatun Mayo (rio Santa).Luego
del “paseo” nuestras madres nos resondraban por nuestra ausencia repentina, luego
amorosamente nos cambiaban las ropas mojadas. En esta calle se ubicaba la
tienda del fotógrafo Miguel Sotomayor Castro, mostraba las fotografías del
aluvión de 1,961 en Ranrahirca - Yungay, tenía que empinarme para ver esas
fotos de la vitrina.
La calle
Luzuriaga, donde se encontraba la biblioteca municipal
y cerca a ésta en una calle transversal la comisaria, desembocaba frente a un
grifo que no recuerdo su nombre y al restaurante de Sal y Rosas; del padre del
popular “Kachi”; yo miraba jugar el fulbito a mano; en esta casa nació el
mariscal Toribio de Luzuriaga y Mejía. Se conectaba con el Convento San Antonio
de los Padres Descalzos San Franciscanos.
La calle San
Martin la menos comercial y transitada, que desembocaba en la esquina de la
juguería de don Gelacio en la Av. Tarapacá, frente al cine del mismo nombre a
un lado del Convento, detrás estaba Challhua.
Quien no va recordar en el barrio de Huarupampa; al
profe Estrada, los hermanos Delgado, el gordo Hugo, Esteban y Antuco, Amacho Alfaro
; hijo del zapatero Glicerio; la Sra. Paulina que tenia su tienda y en la esquina la costurera Eloisa,
sus hijos Jacinto y Juan Reyes, la orquesta de Morán.
Las calles que iban hacia el norte, la calle Gamarra donde se encontraba la
emisora Huascarán a menos de media cuadra de la plaza en el segundo piso, desde
donde se trasmitía el programa cultural “Silvana Pregunta”; también tenia su programa
el periodista Peter Rosales, cuadras mas allá la Corte Suprema de Justicia y a
dos cuadras el cine Radio, el domingo 31 de mayo de 1970 se estrenaba la
película “Esta calle es nuestra” que no logré verla. Esta vía conectaba a la
Av. Antonio Raymondi.
La calle Comercio,
en esta vía estaba la tienda mayorista de abarrotes Gonzales, muy concurrido
por gente de los caseríos que compraban coca; cerca de la escuela Cristo Rey en
la calle Espíritu Santo; estaba el Barlova; bebían chicha con alcohol y embriagados
estaban tirados en la calle botando sus ponchos y sombreros, más aún este local
estaba abarrotado por campesinos en fiestas patronales o para el Sr. de Mayo.
Hacia el Sur la Calle
Belén que muy poco conocía; conectaba con la Plazuela del mismo nombre. La Calle Castilla, donde se ubicaba una
institución representativa, en la esquina izquierda el bazar Paco, vendía ropa
de moda, el dueño “paraba” siempre con guapas muchachas que lucían sus costosos
vestidos y blusa hasta la cintura en tonos de color pastel, los cuellos de
tortuga, las faldas de tubo, botas a gogo hasta la rodilla. Los jóvenes vestían
con botines y pantalones rectos/tubo, camisas claras, chompas con adornos, cuello
redondo y casacas. Era el tiempo de Los Belkings, Los Doltons, Los Shains entre otros
grupos nacionales de la nueva ola rock. También se encontraba en esta calle la
sanidad de la Guardia Civil en un segundo piso donde se tomaba exámenes para la
licencia de conducir ...Yo maravillado con la máquina de fuerza, y mas allá el
cine Huaraz, en la intersección con el Jr. Puno se ingresaba a las galerías
osea al “gallinero”; los “lunes femenino “era dos entradas por uno, y la
chiquillada no podíamos perdernos nuestras películas preferidas. Desembocaba en
la morgue del hospital de Belén, a su costado la iglesia y con dirección a Villón
Bajo, el moderno Hospital General de Huaraz.
La división distrital antes del sismo, era una línea
imaginaria por la calle Sucre y Luzuriaga de Este a Oeste, los barrios de San
Francisco y Huarupampa estaban en el distrito de Independencia, mientras que
Belén y la Soledad en el distrito de Restauración.
Antonio Vilca Ramírez
Plaza de Armas de Huaraz antes del sismo de 1970
El arte del silencio
Allá por la década del 1970 una
tarde, fatigado regresaba de la fábrica en la Av. Colonial, todas las tardes tenia
que trajinar ante los ajetreos de la gente y algún empellón de cualquier “frutero”
agazapado por la Av. La Colmena. En la plaza San Martin de Lima; el reloj sobre
el Cine Metro marcaba las 5.30, la gente una a una iba llegando a este auditorio
popular, ahora creo ya no estaba Cirilo Tomba Tomba ni otros charlatanes que
vendían sebo de culebra.
La “platea” estaba abarrotada, había llegado tarde a la
función vespertina, cuando la luz del semáforo se los permitía algunos pitucos husmeaban
desde sus autos; lo que Jorge, marcaba circularmente “su escenario”, con pedazo
de tiza blanca, los espectadores habían tomado ya su emplazamiento en las
gradas, los cancheros, tamaleros, pasaban y repasaban a esta hora ya era el
ágora estaba abarrotada.
Todos ávidos de ver alguna
payasada que mitigue el cansancio obrero, o levante el ánimo a los litigantes
cercanos al poder judicial del Jr. Azángaro o algún musiquero de la Huerta
Perdida, “hacia hora” para “laburar” cuando llegue la noche. Otros cansados, también
madres andinas y muchachos bostezando esperando la función.
Saca una bolsa de tela con
accesorios de maquillaje, entra a su “camerino invisible”, cierra las cortinas
y empieza a pintarse la cara como un payaso, se abre el telón imaginario, dando
giros en un pie y contorneándose abre los brazos y saluda a su público quien
responde con un sonoro aplauso popular, mientras las bocinas de los vehículos
tratan de ensordecer el teatro de la calle.
Jorge, se tapa sus oídos con sus
guantes blancos y prende la grabadora de segundo uso, con música de Vivaldi de
entrada, y prosigue repintando el circulo, dando vuelta y vuelta.
Esperaba oír chistes llenos de
vulgaridad, casi morbosos, con jerga incluida como casi todos sábados, que reía
a carcajadas, dando rienda suelta a mi instinto ignorante, pero ahora creo que
es diferente.
El mimo Jorge Acuña Paredes,
preparara la sopita, pero antes narra su propia historia
“Había llegado a Lima el año de 1952 desde mi calurosa selva de Iquitos;
como todo provinciano que llega a la capital; lo primero que hice fue comprar
el periódico para a buscar chamba.
Encontré uno a mi medida, fui a la entrevista y conseguí el trabajo en
un laboratorio en Breña, el trabajo era mantener a ratas blancas de ojos azules
y mi labor era darles de tomar leche cada mañana. El sueldo era 8 soles diario;
monto que a las justas me alcanzaba para la cena, no para el desayuno. En una semana
adelgacé bajando muchos kilos, no tuve la mejor idea de darle agua a las ratas,
y yo tomar el desayuno, iba recuperando mi peso, pero también cada día las
ratas se hacían alfeñique y después empezaron a morir.
El gerente mandó en consulta a los especialistas, zootecnistas para
saber la causa de esas muertes. En una mañana el Jefe de personal, un tipo flaco,
alto, con anteojos oscuros, y con bigotes largos, me sorprendió hirviendo la
leche, preguntándome. ¿Para qué hierves la leche, Jorge? - La leche cruda me
cae mal - Le contesté.
Mi osadía y mas que toda mi necesidad fue puesta de conocimiento al gerente,
un tipo gordo, velludo y casi calvo, con terno de casimir inglés, un reloj Olma
de oro, que marcaba el tiempo de la vida de los obreros del laboratorio, casi
agresivo me acusó que no tenia compasión de sus apreciadas ratas, tomándose su
leche.
¿Porque te tomas la leche de mis ratas?
Señor gerente me tomo la leche de sus ratas, porque con los 8 soles
diarios que me pagas no me alcanza para tomar desayuno. Entonces mirando el
suelo un momento, y luego enfiló su mirada hacia a mí y señalando con el dedo
índice la salida de la oficina; me dijo que me retirara. Desde entonces hago
mimo en las calles del Perú y del mundo”.
A mi frente tenia a un hombre con
trajín que con su lenguaje gestual expresaba sus experiencias y aprendizajes,
era un mimo/pantomima, el arte del silencio. Una creación colectiva de la calle y para la
calle. Sin luces ni cortinas, solo el cielo humeado como escenario
La fantasía e imaginación se
entrecruzan con el movimiento, la palabra está ausente, representa actitudes y
hechos de hombres y animales, o una esperanza o una quietud. El silencio es el lenguaje
universal.
Hoy en esta plaza presentó la “sopita”, que muchos no quisieron
tomar. Después pasó el sombrero y eché algunas monedas amarillas.
El puente de palos
José y Manuel eran arqueólogos y Víctor el asistente,
tenían una dura misión de descubrir restos arqueológicos, que los noticieros
locales semanas antes, propalaban insistentemente, la existencia de un palacio
Real, donde el cacique y sus doncellas yacían junto con cerámicas y metales
preciosos.
La casa donde se hospedaban se ubicaba en la ladera del
cerro, al otro lado de las excavaciones. Dionisia los proveía los desayunos,
cenas y una habitación para los tres visitantes.
Víctor profesaba el catolicismo, pero no era muy devoto
de los santos que el pueblo celebraba con borracheras e imágenes. Después de
culminar la jornada laboral diaria con los arqueólogos, corría presto a charlar
con Dionisia, donde le contaba muchas leyendas y mitos de su caserío y esto a
él lo apasionaba.
En una oportunidad, Víctor a su retorno tardío del otro lado
de la quebrada, un fuerte aguacero lo sorprendió y para guarecerse se metió a
una choza abandonada, llegó la noche con su negrura; llovía intensamente, las
horas pasaban; mientras su mente traía a los pishtacos que degollaban a
campesinos perdidos en los potreros, un mal recuerdo que grabó su vasta
experiencia por Huánuco y Huari, donde laboró antes, también los mitos que
Dionisia le había narrado. Volvió
en sí y escuchó muy cerca, el croar de los sapos y el desfile de grandes luciérnagas,
lo extraño era que el croar, parecían himnos desentonados como un preludio de
alguna procesión y la brillantez de los insectos voladores empañaban su visión,
retumbando en sus oídos y se acercaban sigilosamente hacia él.
Los arqueólogos llegaron mas temprano al hospedaje,
mientras cenaban la mazamorra de calabaza y agua de hierba, comentaban el
hallazgo de estatuillas de becerros y batracios de oro. Se fueron a dormir. Dionisia
había escuchado el dialogo y se dijo entre si, que los becerros y los sapos habían
sido malditos por el dios del Mal y que si la lluvia y la noche se juntaran;
algún extraño a esta comunidad, debería ser tragado. Ella; temía por la vida de
Víctor, pues había puesto sus ojos en él. Dionisia era de tez blanca y muy
hacendosa, desde adolescente ayudaba a sus padres en la chacra al otro lado de la
quebrada, cerca de las excavaciones.
Mientras el fogón se apagaba, el mechero a kerosene con
su luz opaca iluminaba la habitación de los extenuados arqueólogos. Manuel
dormía como una roca y José no pegaba el sueño, Dionisia le gustaba ,por la
ausencia de Víctor no se preocupó, él tiene mucha experiencia como guía y apoyo
ya llegará, se dijo.
Pasaron las horas, el asistente en su encrucijada había
ganado una batalla, estaba en la pendiente, muy cerca al puente de palos que
debía cruzar. Cuando desde el rio:
-¡Tú eres un extraño!- No puedes extraer nuestros muertos-Escuchó
asustado.
El no creía, estaba a punto desmayarse. Y con fuerza de
indio corajudo-Gritó
-¡Que quieren de mí…Carajo...!
En respuesta; un violento ventarrón lo empujó al barro y casi
rueda por la pendiente.
Dionisia, dormitaba sobre el poyo. Como un zumbido de
abejas escuchaba el ronquido de Manuel.
Ella tomó una decisión y fue a buscar a Víctor, la
lluvia había cesado y la noche se abrió. Tomó la linterna y se alejó hacia la
pendiente, José se levantó de su lecho y sigilosamente le siguió sus pasos tratando
de husmear, en la oscuridad intentó acosarla. Ella subió la pendiente y
encontró balbuceando a Víctor; a rastras cruzaron el puente de palos, ella lo
besó, mientras él reaccionaba lentamente.
Nuestro Rio Santa
Del glaciar y sus deshielos níveos en la quebrada Tuco se recolectan como filigranas naturales para dar vida al rio Santa en la laguna de Conococha que discurre hacia el Norte, abriéndose paso entre las cordilleras Blanca y Negra. La corriente hídrica ha calado la maciza naturaleza tectónica de la corteza terrestre dejando una profunda zanja a cuyos lados se elevan glaciares y campos cordilleranos y el impresionante paisaje natural, el Callejón de Huaylas.
La
cordillera blanca con extraordinarios y bellos parajes alto andinos, es la
prolongación geológica de la cordillera de Huayhuash que se extiende desde
Cajatambo. Cruzar las montuosas morrenas del cuaternario glaciar, lagunas y taludes
de la agreste geomorfología andina y avistar los gigantes de hielo casi
perpetuos en blanca procesión que marchan en silencio, las lagunas de aguas
turquesas, es una aventura sin par. La cordillera negra con sus vientos cálidos
que traspasan del mar, hacia el occidente auguran tiempo de siembras, de menos
friaje y clima acogedor.
Zigzaguea
levemente su cauce, sin torrenteras extremas que le molesten, en las noches nos
habla con su lenguaje apesadumbrado, su discurrir de sus aguas es bullicioso
propio de un viaje pausado, no está pasivo. Es el distintivo de la cuenca
andina, el intemperismo y la erosión arrastran los sedimentos angulosos de la
montaña a nuestro rio, éste con sus aguas vírgenes y el golpeteo incisivo
transforman en clastos, suavizando sus formas angulosas atraves del tiempo, “a la mala” se vuelven en cantos
rodados, ya ovoides se convierten en diminutos cascajales; en su meandro con
arcillas, limos y arenas.
Sus
hidrógenos burilan imperceptiblemente el paisaje serrano, en nuestro mundo
viviente lo biótico y lo inerte coexisten enredándose sabiamente para dar
formas de vida, modelando belleza ante nuestros ojos. Las tarucas abundan en
las cordilleras también los cóndores; ambos divisan al “Hatunmayo” desde distintos escenarios, el ave desde lo alto no
pierde de vista el discurrir, tampoco el mamífero de un cuerno que recrea
gozoso su hábitat.
En la
noche; en los refugios andinos el frio entume
y el viento gélido silba en el pajonal de las zonas de protección; en el día los rayos del sol ayudan a que los vientos
suaves y frescos asciendan ”gateando”
por las faldas de las terrazas y por el verdor de los campos, cerca al rio los
eucaliptos erectos , la fila de altos magueyes, las retamas amarillas en los
cercos parceleros y los senderos , las enormes pencas espinosas y los
gigantones en los caminos reales, nos conducen a pintorescos parajes y pueblos;
a mas altitud los bosques de alisos y quiñuales. Los caseríos con sus iglesias
antiguas de adobes, una cruz en señal de una llamada perdida, sus entrañables plazas
de tierras con algunas bancas para despedir la tarde, calles maltrechas y polvorientas,
sus casitas con tejas y calaminas muy cerca a sus chacras. Estos villorrios
están distribuidos en las quebradas que drenan hacia el rio, en la jalca los
bofedales y en la puna los extensos pastizales con el íchu esperanzador y los
nevados que “lloran” el cambio del sinuoso
“progreso” y los efectos de la “modernidad”.
Los
aluviones de Huaraz, (1941) Ranrahirca (1961) y Yungay (1970) accidentalmente
volcaron todo su lodo como un vendaval, la ira de las avalanchas y aludes, es
apaciguada por el rio que soporta las recias precipitaciones, el relámpago y la
lluvia lo vuelve más caudaloso aun; después su lecho reduce su ímpetu
avasallador, se vuelve dócil en el invierno y se sobresalta en el estío. Es la
vida cíclica del pótamo.
Desciende
marcando su pendiente desde sus orígenes, en su itinerario hídrico apertura sus
alveolos a sus tributarios desde Recuay, hasta Huaylas, pasando por Huaraz, Carhuaz
y Yungay, que se descuelgan en sus dos márgenes y aportan sus aguas cristalinas
al pótamo; empoderándose con el caudal de sus riachuelos y las quebradas que se
activan en épocas veraniegas, en Huaylas atraves de las rocas ígneas y
graníticas origina energía eléctrica en el Cañón del Pato – Huallanca. Hacia el
Oeste en la provincia del Santa en la bocatoma de Chuquicara su afluente
principal, “entrega” dadivosamente
sus aguas a los valles de La Libertad y Chimbote, Nepeña y Casma, en la
desértica costa de escasa flora, el solitario zapote y el algarrobo reverdecen,
las lagartijas ya no se solean simplemente, sino “aplauden” por el olor a tierra húmeda. El espejismo costeño ya no
es intenso, el “Santa” dió vida al
desierto seco, para luego descansar en el ancho mar.
Todos
los climas del mundo en un pedazo del planeta, una cuenca; desde el polar en
los páramos y jalcas hasta las zonas cálidas en las profundidades del valle, en
las vertientes con sementeras productivas y los floridos encantos de las
palmeras y el geranio.
Las culturas
se trastocan y los hombres envejecen; sin memorias ni recuerdos mueren, pero el
rio sigue ahogando al tiempo; que por su lecho y sus riberas pretende
horadarlo, sin conseguir esa osadía natural.
https://www.youtub
e.com/watch?v=e4q4xr7-5Mo
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