viernes, 11 de mayo de 2018

HISTORIAS LIBERTANAS I -1969 -ANTES DEL SISMO DE 1970


El colegio Nacional La Libertad de Huaraz, ocupaba hasta antes del sismo de mayo de 1970 el Convento de la Recolección de San Francisco , una vetusta arquitectura de inicios de la época republicana que rescataba el modelo español construido en torno a tres patios centrales, estaba construido con adobones y techo de tejas rojas , fachada blanca frente a la Alameda Miguel Grau del barrio de San Francisco, la parte frontal de dos pisos, balcones con baranda de madera y un gran escudo nacional en el centro, sobre el segundo piso un pequeño ático con un vano circular debajo del voladizo a dos aguas.

 Con grandes ventanales de madera con rejas de fierro en la fachada del primer piso donde funcionaba la Dirección y otras áreas administrativas, gran portón de madera marrón el ingreso principal. Al interior un pequeño primer patio; en el segundo piso las aulas, donde presentábamos las exposiciones de Anatomía y exhibíamos el esqueleto del cuerpo humano o la disección de un conejo o un ave en Zoología, también la presentación de cientos de hojas, raíces y flores de plantas disecadas.
 Atraves del ancho pasillo decorados con una cornisa de molduras de yeso, nos conducía a un patio-jardín y en los corredores con arco de medio punto; estallaba nuestra alegría, estaban las mesas de tenis de mesa. Íbamos muy temprano para agarrar mesa, jugamos en pareja o individual, igual en el recreo nos lanzábamos sobre las mesas para “agarrarlas” o tirábamos desde lejos nuestras cristinas en señal de ocupación, o si no, lo resolvíamos a la salida a “puño limpio “atrás del Salón de Actos y con todas las reglas de las “broncas”, cada peleador con su barra. Por esto nunca fuimos al psicólogo; tampoco nuestros padres se quejaron de algo.

 Al fondo el gran patio de formación, usado como campo de fulbito y básquet. La palabra “formación” era la más adecuada; cabello corto, zapatos bien lustrados, mirada al frente, uniforme comando” caqui” completo, ¡Pobre de ti !, si en tu corbata tenías dibujado algo que te volvía fanático de la moda o estaba deshilachada “shilpi-shilpi” o tu cristina no tenía el rombo, o tus galones estaban sueltos. Al suboficial flaco y lisuriento, que remplazó a Serruto, era imposible hacerle algún desmán o algo que inquiete la formación, recuerdo que a los alumnos del quinto año le sacaba la crecida barba uno por uno. Alguien soltó una pelota y el clásico “ármala chompitas” no se dió, como en los recreos un balón suelto todo el mundo peloteaban hasta tirarla fuera del patio. Todos quietos; el “cachaco”, detectó que fila soltó ese balón, pobre de ellos con las ranas y canguros por media hora. 

Los brigadieres “hacían turno” en las esquinas antes de llegar al colegio, eran los primeros en revisar tu uniforme y controlar tu actitud fuera del colegio, eran el “filtro” para que no caigas en rigor y seas la piñata del “cachaco”. Cuando pasábamos cerca de ellos lo saludábamos militarmente. Había respeto y confianza. La última puerta de “escape” era una reja de madera; nos conducía al campo de futbol de tierra del colegio, por supuesto también al “ring de peleas” que colindaba atraves de una malla metálica, algunos sauces y un muro de adobes con una calle ancha que no recuerdo su nombre; En las clases de IPM al pitazo corríamos a la ladera y entrenamos para la “guerra”, rampando sobre el barro; los ágiles cruzaban rápidamente, los “pesados “caían” a la acequia que corría desde la Escuela Normal Indacochea hasta el local del ministerio de Transportes.

 El Salón de Actos era un local adjunto al lado izquierdo, frente a un frondoso y añejo árbol de poroto, celebrábamos fechas festivas, presentaciones culturales y otras especiales por aulas. Estudiábamos tarde y mañana, era exclusivamente de varones, el director en esos tiempos fue el profesor cuzqueño Fabio Solís Soria, un buen director. Las jornadas libertanas eran actividades para recaudar fondos y mejorar la banda de músicos; que estaban deteriorados o para cubrir otra necesidad escolar del colegio. Para ello, la banda de músicos tocaba su repertorio en los mercados, la gente apoyaba con mucho cariño. Nos dirigíamos a la Plaza de Armas y lavábamos los vehículos, otros pintaban las paredes de las casas y así otras actividades. En la tarde llegamos al colegio con el tarro lleno de monedas y a contar lo recaudado. La gente huaracina aportaba, porque veía nuestra insignia vencedora en mil campos de batalla y prestos al cumplimiento del deber. Con el ejemplo bastaba.

 En nuestros aniversarios, los paseos de antorchas eran espectaculares, el profesor Pineda (cariñosamente Guacamayo) de Educación Artística te ponía la nota del curso. Los alumnos del cuarto y quinto años; presentaban la estatua de la libertad de cinco metros de altura, se soportaba con palos en la parte posterior, tenían que inclinarlo para pasar los cables eléctricos de las calles, el galeón romano con todo la soldadesca e indumentaria, daba la sensación que retrocedíamos en el tiempo y espacio ; el dragón que arrojaba fuego por la boca, los tanques de guerra montados sobre triciclos con soldados con escopetas de madera; que el portero Sr. Quito nos lo prestaba, para ello nuestros uniformes “caki” eran teñidos a los rangers.

 En el mes de junio para el desfile de Fiestas Patrias ya preparábamos nuestros cascos en los moldes de yeso, el mío quedaba de reluciente verde. Siempre cerrábamos el desfile, mientras nuestra banda de músicos entonaba las marchas “Sesquicentenario” y “Los peruanos pasan”. En ese tiempo estaba como presidente de la República el general Juan Velasco Alvarado y la banda se esmeraba por tocar esas marchas que estaban de moda; y nosotros siempre innovando. Casi siempre obteníamos el Gallardete y el Sol Radiante. Nuestro compromiso de honor era con la patria. Una lástima que el año que egresé obligaron a usar el uniforme único.

 Por nuestro aniversario en el cuadrangular de futbol, en el estadio Rosas Pampa se jugaba contra San Pedro de Chimbote, San Juan de Trujillo, Santa Inés de Yungay y por supuesto la GUE Mariscal Toribio de Luzuriaga, campeonamos ante este último. Al compás de huaynos y marchas festejando de alegría y júbilo, fuimos al colegio en caravana, en el trayecto nos caía algunas piedras y pifias, seguramente por aquellos que no sabían perder con hidalguía. Fue un mal recuerdo.

“Ser Libertano es Compromiso de Honor”


 Antonio Vilca Ramírez Ex – Libertano. Promoción “Pedro Pablo Atusparia” 1973

              




























4 comentarios:

  1. Estimado paisano Antonio Vilca Ramírez... le escribe un exalumno de La Libertad... Acabo de leer su texto sobre el Colegio y me ha traído a la mente muchos hechos que ya los había olvidado... me ha hecho retroceder en el tiempo... Yo estoy en el norte... en Cajamarca y algunas veces voy por Huaraz... ojalá nos pudieramos ver. Gracias. Hasta pronto.

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    1. Saludos.
      Soy de la promoción 1973,para este 190 aniversario, en Lima nos estamos reuniendo para participar en un aniversario de nuestra alma mater.De todas maneras en ultimo caso particularmente voy a estar presente.Un abrazo.

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  2. Lo único que lamento, es que según me informan muchos exalumnos, no hay reuniones anuales de exalumnos... Solamente se reunen los de bodas de oro, de plata y el resto no acostumbra a reunirse... es una lástima

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    1. Es cierto,están dispersados por cuestiones de la vida, residimos en diferentes ciudades, felizmente por las redes se intenta conectar, estoy tratando de coordinar con la de mi promoción 1973 en Lima y asi también lo van a hacer en Huaraz, para estar presente en el aniversario,por lo menos.El colegio tiene muchas necesidades, las nuevas promociones, etc. Un abrazo.

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