jueves, 26 de julio de 2018
martes, 24 de julio de 2018
Origen mítico del Señor de la Soledad-Huaraz
La naturaleza, el hombre y luego los dioses. Entre la
última roca adosada a nuestros primigenios antepasados y los albores de una
colonización con yelmos sedientos de ambición.
Siglos atrás entre la bruma andina y el soleado tiempo, en los oconales de Shira Occo y Lleclla Cucha , lugares muy solitarios
donde reina la soledad al Este de Huaraz,
unos pastorcillos apacentaban su rebaño, de pronto escucharon entre los
arbustos un martilleo acompasado, como un
viejo himno celestial desconocido
, se acercaron un poco, para descubrir de donde procedía el extraño golpeteo y
conocer quien origina esos golpes sobre
algo material; pero el temor
infantil natural los hizo retroceder en sus
inocentes atrevimientos , por lo que fueron al pueblo y contaron lo
sucedido a las gentes.
La noticia de lo narrado por los niños pastores se
hizo popular, los curiosos fueron los primeros en indagar la extraña primicia,
las gentes por varios intentos buscaron por el oconal, sin oír ningún martilleo.
Una mañana los pastorcitos decidieron adentrarse hacia
los arbustos, y vieron a un anciano talando un grueso tronco, quien, al verlos,
les dijo, que se acerquen.
Después de que los niños se tranquilizaron de su
temor, con una voz dulce les dijo: “-Yo he venido por ustedes- Soy carpintero -
Quiero construir mi morada en este solitario lugar para proteger a los huaracinos”.
Los niños entraron en confianza y se acercaron mas a él. Luego prometieron
llevarle alimentos, gesto que agradeció, pero les dijo que no comentaran nada
de él en el pueblo.
Transcurrieron los días, cuando en una de las visitas
al anciano, asustados contemplaron la imagen de un Cristo crucificado de cuyas
heridas brotaba sangre viva y su cabeza estaba coronada con espinas;
impresionados corrieron al pueblo pidiendo auxilio para ayudar al anciano
clavado en una cruz. Tiempo después los pastorcillos quedaron mudos para
siempre y murieron en olor a santidad.
La noticia del hallazgo se hizo público, autoridades y
pobladores fueron al oconal y se quedaron estupefactos viendo al Cristo crucificado,
cayendo de rodillas, luego con todo fervor lo llevaron a la iglesia matriz,
siendo colocada en el altar mayor, se hicieron los oficios durante ocho días,
al día siguiente de haber culminado los oficios, el sacristán observó que la imagen
no estaba en su lugar. Los acongojados feligreses buscaron por todo el pueblo
sin hallarlo, hasta que fueron al oconal y con asombro encontraron al Cristo, entonces
llevaron a la catedral, días después nuevamente la imagen volvió a desaparecer,
encontrándole en el lugar solitario. Por lo que empezaron construir una rústica
capilla en el oconal, que albergó al Señor. Es en este mismo lugar que se venera
al Señor de la Soledad, su nombre rememora al lugar solitario y alejado donde
hizo su milagrosa aparición.
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