martes, 24 de julio de 2018

Origen mítico del Señor de la Soledad-Huaraz


La naturaleza, el hombre y luego los dioses. Entre la última roca adosada a nuestros primigenios antepasados y los albores de una colonización con yelmos sedientos de ambición.

Siglos atrás entre  la bruma andina y el soleado  tiempo, en los oconales de Shira  Occo y Lleclla Cucha , lugares muy solitarios donde  reina la soledad al Este de Huaraz, unos pastorcillos apacentaban su rebaño, de pronto escucharon entre los arbustos un martilleo acompasado, como un  viejo  himno celestial desconocido , se acercaron un poco, para descubrir de donde procedía el extraño golpeteo y conocer quien origina  esos golpes  sobre  algo  material; pero el temor infantil natural los hizo retroceder en sus  inocentes  atrevimientos ,  por lo que fueron al pueblo y contaron lo sucedido a las gentes.

La noticia de lo narrado por los niños pastores se hizo popular, los curiosos fueron los primeros en indagar la extraña primicia, las gentes por varios intentos buscaron por el oconal, sin oír ningún martilleo.

Una mañana los pastorcitos decidieron adentrarse hacia los arbustos, y vieron a un anciano talando un grueso tronco, quien, al verlos, les dijo, que se acerquen.

Después de que los niños se tranquilizaron de su temor, con una voz dulce les dijo: “-Yo he venido por ustedes- Soy carpintero - Quiero construir mi morada en este solitario lugar para proteger a los huaracinos”. Los niños entraron en confianza y se acercaron mas a él. Luego prometieron llevarle alimentos, gesto que agradeció, pero les dijo que no comentaran nada de él en el pueblo.

Transcurrieron los días, cuando en una de las visitas al anciano, asustados contemplaron la imagen de un Cristo crucificado de cuyas heridas brotaba sangre viva y su cabeza estaba coronada con espinas; impresionados corrieron al pueblo pidiendo auxilio para ayudar al anciano clavado en una cruz. Tiempo después los pastorcillos quedaron mudos para siempre y murieron en olor a santidad.

La noticia del hallazgo se hizo público, autoridades y pobladores fueron al oconal y se quedaron estupefactos viendo al Cristo crucificado, cayendo de rodillas, luego con todo fervor lo llevaron a la iglesia matriz, siendo colocada en el altar mayor, se hicieron los oficios durante ocho días, al día siguiente de haber culminado los oficios, el sacristán observó que la imagen no estaba en su lugar. Los acongojados feligreses buscaron por todo el pueblo sin hallarlo, hasta que fueron al oconal y con asombro encontraron al Cristo, entonces llevaron a la catedral, días después nuevamente la imagen volvió a desaparecer, encontrándole en el lugar solitario. Por lo que empezaron construir una rústica capilla en el oconal, que albergó al Señor. Es en este mismo lugar que se venera al Señor de la Soledad, su nombre rememora al lugar solitario y alejado donde hizo su milagrosa aparición.







EL LOCO JALISCO

  En el Huaraz de los años sesenta, cuando la ciudad todavía olía a eucalipto y a polvo recién barrido, apareció él. Nadie supo nunca su nom...