En las afueras de Lima ,los conos son un hervidero de crisis social y violencia, en los cerros de Villa María, no es la excepción. Las familias pobres crían muchos hijos de padres huidizos para su responsabilidad y que a esas madres en abandono la sociedad peyorativamente las llama "madres solteras", conformando un nuevo status familiar.
Florencia y sus once hijos
sobreviven envueltas en la miseria, los mayores ya disipados constituyeron
familias y se esparcieron por diferentes
lares del país, Octavio para apoyar a sus hermanos caminó entre mercados
y el Pesquero de Villa María, las propinas no llenaban los estómagos ni los cuadernos de Juan, Rosa y Mario que estaban en la
Primaria. Era un jovenzuelo hábil, sus necesidades intrínsecas lo encaminaron a
las malas juntas ,de pájaro frutero pasó
a arrancador. Pero del barrio, a los lugares aledaños los maleantes habían
copado los territorios vecinales, solo quedaba integrarse a una de las bandas, el
Jefe tatuó en el palmar una marca que lo identificará como miembro de la
banda. Sus fechorías e internamientos en
Maranguita conllevaron, a repensar su actuar en un medio pobre y violento, pero el Jefe atraves
de amenazas y búsquedas implacables con sus secuaces siempre lograba que
Octavio permaneciera en el grupo, más aún su marca en la mano lo delataba como
un muchacho de los bajos fondos.
Después de un tiempo, logró
ingresar a la Marina sobresaliendo en Computación e Informática. Mientras tanto
el Jefe y sus compinches hacían redadas a fin de capturarlo, al no hallarlo
secuestraron a su hermana. Enterado él, con sus camaradas tendió una trampa a los
secuestradores, asesinándolo a quien en su adolescencia lo explotó y avasalló su honor. Eran tiempos del
terrorismo y la muerte del Jefe pasó inadvertido. En la Armada, era conocido como
la "Marca" y para deshacerse de ésta, intentó quemar el extraño tatuaje
,cicatrizandolo como un pólipo carnoso.
Finalmente logró graduarse de
técnico supervisor segundo en la
especialidad de Sistemas, ayudó a terminar las carreras universitarias de Rosa y
Mario, sus hermanos menores. Ahora trabaja en un instituto norteamericano, en el
nivoso invierno de Miami recuerda su
oscuro paso por Ticlio Chico en Villa María su antiguo barrio y sus inicios en
la delincuencia limeña. Sus hijos adolescentes pretendieron tatuarse absorbidos
por la moda exhibicionista ,tuvo que pelear con sus demonios, para olvidar ese
alias de la Marca. Finalmente el tatuaje como identificación mediática juvenil se impuso. Desde aquella
vez la aflicción lo perseguía, así como antes lo hacía la "poli.".
Luego de un tratamiento
psicológico, retomó sus actividades en
el Instituto, ahora jubilado goza de las
tibias aguas en las playas de Miami
Beach.
(Basado en una historia
real, contada por el piurano Juan Benítez, compañero de Octavio en la Armada
Peruana).