martes, 20 de febrero de 2024

EL MUCHACHO DEL TATUAJE

En las afueras de Lima ,los conos son un hervidero de crisis social y violencia, en los cerros de Villa María, no es la excepción. Las familias pobres crían  muchos hijos  de padres huidizos para su responsabilidad y que  a esas madres en abandono la sociedad peyorativamente las llama "madres solteras", conformando un nuevo status familiar.

Florencia y sus once hijos sobreviven envueltas en la miseria, los mayores ya disipados constituyeron familias y se esparcieron por diferentes  lares del país, Octavio para apoyar a sus hermanos caminó entre mercados y el Pesquero de Villa María, las propinas no llenaban los estómagos  ni los cuadernos  de Juan, Rosa y Mario que estaban en la Primaria. Era un jovenzuelo hábil, sus necesidades intrínsecas lo encaminaron a las  malas juntas ,de pájaro frutero pasó a arrancador. Pero del barrio, a los lugares aledaños los maleantes habían copado los territorios vecinales, solo quedaba integrarse a una de las bandas, el Jefe tatuó en el palmar una marca que lo identificará como miembro de la banda. Sus fechorías e internamientos en  Maranguita conllevaron, a repensar su actuar en un  medio pobre y violento, pero el Jefe atraves de amenazas y búsquedas implacables con sus secuaces siempre lograba que Octavio permaneciera en el grupo, más aún su marca en la mano lo delataba como un muchacho de los bajos fondos.

Después de un tiempo, logró ingresar a la Marina sobresaliendo en Computación e Informática. Mientras tanto el Jefe y sus compinches hacían redadas a fin de capturarlo, al no hallarlo secuestraron a su hermana. Enterado él, con sus camaradas tendió una trampa a los secuestradores, asesinándolo a quien en su adolescencia lo  explotó y avasalló su honor. Eran tiempos del terrorismo y la muerte del Jefe pasó inadvertido. En la Armada, era conocido como la "Marca" y para deshacerse de ésta, intentó quemar el extraño tatuaje ,cicatrizandolo como un pólipo carnoso.

Finalmente logró graduarse de técnico  supervisor segundo en la especialidad de Sistemas, ayudó a terminar las carreras universitarias de Rosa y Mario, sus hermanos menores. Ahora trabaja en un instituto norteamericano, en el nivoso invierno  de Miami recuerda su oscuro paso por Ticlio Chico en Villa María su antiguo barrio y sus inicios en la delincuencia limeña. Sus hijos adolescentes pretendieron tatuarse absorbidos por la moda exhibicionista ,tuvo que pelear con sus demonios, para olvidar ese alias de la Marca. Finalmente el tatuaje como identificación   mediática juvenil se impuso. Desde aquella vez la aflicción lo perseguía, así como antes lo hacía la "poli.".

Luego de un tratamiento psicológico, retomó sus actividades  en el Instituto, ahora  jubilado goza de las tibias  aguas en las playas de Miami Beach.

(Basado en una historia real, contada por el piurano Juan Benítez, compañero de Octavio en la Armada Peruana).





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