sábado, 24 de abril de 2021

EL ICHIK OLLKO

 En algún caserío rural de Ancash, una mujer tenía una hija de nombre Petronila entre la adolescencia y la juventud, cariñosamente Peta, en sí, una guapa muchacha, pastaba el ganado, hasta altas horas de la tarde. En una de éstas, de entre los cristalinos manantiales de repente apareció un pequeño joven, de apariencia atractiva y de cabello rubio.

Asustándose al principio, luego le convenció robándole su amor, llevándole en sus velludos brazos a las profundidades del bosque, enseñándole joyas y mucha plata. Ella sorprendida, pero satisfecha con ese desconocido de los distanciados potreros y pasivos puquios.  

Casi junto con la noche llegaba a su casa rebosando de alegría, muy contenta. Desde entonces su madre notó su cambio de actitud.  

En el caserío, todos comentaban que la presencia en las chacras del Ichic Ollco “pequeño hombre”, era presagio de pérdidas de cosechas y muerte de sus animales. Más aún que una de las muchachas esté siendo cautivada por este ser. Enterándose de las habladurías; su madre intrigada decidió seguirle, cruzando pencas y pitajayas, ralos bosquecillos y senderos desdibujados, vió a su Peta y su ganado; y desde los arbustos apareció el jovencito que con gestos llamó a Peta, abrazándola y ocultándose por los adentros.

Su madre frotándose sus ojos, alzando su sombrero y moviendo su cabeza. -De donde es ese jovencito?, es desconocido. -Que voy ser con mi hija.? - Pensaba.

En el pueblo con mucha tristeza contó a sus familiares. - Báñalo comadre, báñalo con bastante ajos y ruda. -Le aconsejaban. 

Aseada con pollera limpia y manta colorida, se fue a pastar como siempre. El fuerte olor hizo que el Ichic Ollco enojado emergiera desde las profundidades, acercándose a ella. - Porque me has hecho esto, toda esa fortuna era para ti, ya lo perdiste.

Ella con la cabeza agachada; se lamentaba en silencio y cuando alzó la cerviz, frente a ella el diablo la miraba fijamente. Enmudeciendo.



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