sábado, 1 de mayo de 2021
UN HOMBRE DE HUARAZ
Corajudo como los hombres de su época, huaracino de la generación del siglo pasado, carácter indomable y
trabajador, amoroso y responsable, talabartero por el arte al cuero y al caballo desconocido y zapatero por amor a los caminos de las gentes sin
sendero.
En nuestras serranías después de las cosechas y la venta de productos agrícolas, los
campesinos adquirían para sus caballos y mulas nuevas monturas y sinchos, hasta
botines de cueros con diseños para cabalgar.
Guillermo,alistó reatas, monturas, estribos, e implementos en finos acabados de
talabartería de cuero. Su itinerario era el callejón de los Conchucos, recorría como arriero ofreciendo
sus productos. Casi siempre pernoctaba en las posadas de la ruta, siempre y
cuando la recua calculaba los tiempos entre villorrios y anexos.
.- A ver vamos por acá, se
dijo, como si conversara con su recua. Sin encontrar el sendero conocido, él iba
a pie detrás de las acémilas, en el inhóspito pajonal serrano hasta que la noche
lo sorprendió.
. - Estas casas están derruidas no puedo pasar la noche ahí, creo
mas allá hay un pajero.
Se acomodó en posición fetal sobre las pajas, previamente había asegurado su recua
(dos caballos, una mula y sus mercancías) en el adusto molle. El viaje había sido agotador; y estaba
perdido, cayó en profundo sueño A media noche desde abajo de rato en rato lo
empujaba; siguió durmiendo, cuando el empuje era mas seguido e intenso.
.- Carajo, que está jodiendo aquí. Se sobreparó asustado y linterna en mano comenzó a rebuscar el heno,
topándose con el cuerpo de un hombre inerte, como saludándole con sus heladas manos
sobre el pecho. Terminó durmiendo junto a su recua en la intemperie, bajo el
molle y el oscuro cielo con su poncho marrón y sus mantas de bayetas.
Mientras en un rincón de su casa en el barrio de San Francisco en Huaraz que parece resistir el
paso corto del tiempo, el olor a cuero le hace sentir un extraordinario y
típico ambiente, hacía falta su presencia, así lo sentía Domicha su esposa.
Al regreso de su corto periplo, era el onomástico de
Domicha. Ella, sus hijas y vecinas sacabas los peroles y las ollas, beneficiaban
los gallinas y sancochaban las papas y la cabeza de carnero, mi madre molía ají
con prisa en el batán de piedra, arreglaban la casa y la sala para recibir a
los invitados. En esta tierra todos eran invitados basta conocerlo a la “dueña
del santo”.
Son las doce de la noche, don Casimiro( don Cashi)Salazar un maestro
de primaria de la 3449 y su orquesta con violín en el mentón y las mandolinas rompían con
la serenata. Doña Alicha una panadera del barrio del Centenario;familiar por amistad y vivencia con la cumpleañera,
soltaba los fuegos artificiales, la rueda, los cuetes y las avellanas alumbraban y retumbaban la
noche, también otros vecinos del barrio colmaban el patio.
Cunde la alegría y las bromas encandilado por las cervezas y
también la chicha, los zapateos de nuestros huaynos y chuscadas forzaban hasta
la amanecida. -Falta el “chico” decían, refiriéndose a que cada pareja bailaba
tres canciones. Era hora del levanta muerto, la puerta estaba asegurada, al que
intentaba escapar lo bañaban con cervezas; estas celebraciones eran para dos
días.
. -A verrr quiennn que
me traee la gallina roja, hip,..se gana una caja.
Uno de ellos comenzó a corretear tambaleando a la
gallina, metiéndose por las zarzas del rosal y cayendo a rastras por el estado
de ebriedad,
.- A verr quiennn sacaa hip ,el pañuelo deeeel árbol, sabían del premio a quien lo baje
el pañuelo, pero todos resbalaban.
ARRIERO SOMOS Y EN EL CAMINO ANDAMOS
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