El auto blanco prolijamente adornado salía de la vieja capilla, José y Alelí recién casados como tortolitos celebraban su noche de bodas. El frenesí y las pasiones se conjugaron mutuamente en estas nupcias hasta el amanecer, sin presagiar el áspero porvenir de este enlace matrimonial.
Lo
amé perdidamente hasta que nacieron mis “mellizos”, mi calvario empezó con los engaños,
la escasa importancia que me daba, y que contribuía al trauma de la violencia
que traía conmigo. Seguramente puso sus ojos en otra, o talvez no cumplía como
mujer. Finalmente nos divorciamos Contaba.
El
carácter temperamental en un juego de a dos, prima el más fuerte, obviamente
este compromiso se quebró, ni bien culminó su pomposo matrimonio. Su divorcio
generó el desamparo paternal de "los mellizos", ella extrañaba la presencia
de José, la casa era mas grande y a los niños les faltaba cariño paternal, más
aún en las noches su lecho permanecía siempre fría. Mientras dejaba atrás su
pasajera juventud, al terminar con una relación maltrecha; la adultez le habría
las puertas inciertas.
Su
rostro encerraba una felicidad truncada de una mujer corajuda, descendientes de
los Waris, de regular apariencia física,
reservada y demasiada calculadora. El tránsito sobre los cuarenta años, con una
mochila pesada llena de sombras y soledades, donde injustamente le arrebataron a
sus padres cuando ella aprendía a caminar.
Bajaron
de las alturas grupos insurgentes a las sementeras de maíz y alfalfa, las
apacibles chacras se conmovieron igual que sus pobladores, el saqueo y la
violencia apretujaron a mis padres, arrancándoles la vida. La cordillera ardía
como un infierno, los campesinos como un huracán abandonaron sus tierras por
temor y salvaguardar a sus familias, truncándose sus sueños.- Contaba Alelí.
Sabía
como criarse sin padres, sus hermanos asumieron
esa responsabilidad y con esa confianza se lanzó hacia adelante. La ausencia de
sus progenitores en su infancia, resquebrajó su endeble corazón, solo tenía
amor para sus pequeños hijos, mas no indicios amorosos a sus eventuales pretendientes.
Pero el amor filial no era suficiente, necesitaba seguridad y apoyo de quien
fuera, para enfrentar el destino tortuoso.
La
separación de José lo marcó y que no solo eran recuerdos, sino situaciones que
retrotraen al presente como un espejo en una burbuja que en su mente se guarece.
A pesar de ello; la vida no la amilanó, nunca se cayó, tuvo que retroceder unos
pasos, con el riesgo que ello implicaba y permitió que la magia de la vida le sonría.
Sus sueños eran saciados, pero no encontraba el nuevo amor que la sustente.
Ya
frisaba los cuarenta y los años lo iban abandonando cada febrero de carnavales,
sigilosamente como una serpentina; el tiempo plisaba su faz, aún así era
todavía hermosa, pero golpeada interiormente, doblegada en su alma y su espíritu
amenguado.
No
me percaté que muy cerca de mí, encontré a Carlos, enamorándome perdidamente,
en el trabajo le decían "Carloncho" podía hacerme feliz, incluso
volver a casarme, hicimos planes de futura convivencia.-Contaba
Ya
los mellizos traspasaban la infancia con un padre intermitente lejano. Otra vez
el amor le tocó las puertas a su remendado corazón, terminando con la aparente
sequía romántica, llenando su soledad de mucha fantasía. Sus seguidos encuentros
vespertinos con Carloncho se convirtieron en noches calientes, dándole otro hijo. Conoció a los “mellizos” que pretendieron llamarle papá, pero él; luego
de su falsa promesa de formar una pareja estable, prefirió mantenerse con su
familia primigenia .
Otra
vez fui engañada por un hombre que confié, quería que el mundo me tragara.- Decía
ella en tono lastimero, mientras su rostro se humedecía.
Solo
sus hijos eran su fortaleza, ahora eran tres sin amor paternal. Y ella sin un
paraguas que la cubra de la soledad y el agobio.
¿Los rompimientos con sus parejas eran
el reflejo de una sociedad machista ?
, o tal vez ellos no supieron llenar ese
vaso que necesitaba una mujer para ser feliz ’?
o por lo menos no aquilataron la
sinceridad emocional y el amor que ella entregaba ?
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