X X X
I
Dos cordilleras adyacentes al teorema, enfrentados
por la
picardía de sus hombres,
que topan y penetran hasta el cañón.
Entre el bosque andan sueltos, leñadores
idiotas que con sus propias carcajadas
usurpan la sólida y brillante nieve.
Mas los cerros se encogen, desde lejos
y guerrean en pos de la ciudad, cayendo
en mayo, polvoriento.
Corren al final del callejón, como niños
sin haber nacido, ante la perpetua
mirada
vigilante del causante.
Los muros corren entre adobes
y tejas en mis noches de aquella plaza
victoriosa de mi infancia.
¡Que fuerza de asolar a las almas
de las quebradas, que en un tiesto,
rayan entre las cenizas y el carbón.!
La taza de café es mas amargo
frente a los escombros, mueres
cada instante como pesadilla de barro
Hoy la escuela está vacía,
si es que existe todavía, pienso
o intuyo que hay mucho hedor.
La nieve ya no será mas perpetua
sobre mis pies, mas el hielo arde cubriendo
las tibias callejuelas de mis andanzas.
Setiembre 1,988
La catedral de Huaraz, después del sismo de 1,970

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