Del glaciar y sus deshielos níveos en la quebrada Tuco se recolectan como filigranas naturales para dar vida al rio Santa en la laguna de Conococha que discurre hacia el Norte, abriéndose paso entre las cordilleras Blanca y Negra. La corriente hídrica ha calado la maciza naturaleza tectónica de la corteza terrestre dejando una profunda zanja a cuyos lados se elevan glaciares y campos cordilleranos y el impresionante paisaje natural, el Callejón de Huaylas.
La
cordillera blanca con extraordinarios y bellos parajes alto andinos, es la
prolongación geológica de la cordillera de Huayhuash que se extiende desde
Cajatambo. Cruzar las montuosas morrenas del cuaternario glaciar, lagunas y taludes
de la agreste geomorfología andina y avistar los gigantes de hielo casi
perpetuos en blanca procesión que marchan en silencio, las lagunas de aguas
turquesas, es una aventura sin par. La cordillera negra con sus vientos cálidos
que traspasan del mar, hacia el occidente auguran tiempo de siembras, de menos
friaje y clima acogedor.
Zigzaguea
levemente su cauce, sin torrenteras extremas que le molesten, en las noches nos
habla con su lenguaje apesadumbrado, su discurrir de sus aguas es bullicioso
propio de un viaje pausado, no está pasivo. Es el distintivo de la cuenca
andina, el intemperismo y la erosión arrastran los sedimentos angulosos de la
montaña a nuestro rio, éste con sus aguas vírgenes y el golpeteo incisivo
transforman en clastos, suavizando sus formas angulosas atraves del tiempo, “a la mala” se vuelven en cantos
rodados, ya ovoides se convierten en diminutos cascajales; en su meandro con
arcillas, limos y arenas.
Sus
hidrógenos burilan imperceptiblemente el paisaje serrano, en nuestro mundo
viviente lo biótico y lo inerte coexisten enredándose sabiamente para dar
formas de vida, modelando belleza ante nuestros ojos. Las tarucas abundan en
las cordilleras también los cóndores; ambos divisan al “Hatunmayo” desde distintos escenarios, el ave desde lo alto no
pierde de vista el discurrir, tampoco el mamífero de un cuerno que recrea
gozoso su hábitat.
En la
noche; en los refugios andinos el frio entume
y el viento gélido silba en el pajonal de las zonas de protección; en el día los rayos del sol ayudan a que los vientos
suaves y frescos asciendan ”gateando”
por las faldas de las terrazas y por el verdor de los campos, cerca al rio los
eucaliptos erectos , la fila de altos magueyes, las retamas amarillas en los
cercos parceleros y los senderos , las enormes pencas espinosas y los
gigantones en los caminos reales, nos conducen a pintorescos parajes y pueblos;
a mas altitud los bosques de alisos y quiñuales. Los caseríos con sus iglesias
antiguas de adobes, una cruz en señal de una llamada perdida, sus entrañables plazas
de tierras con algunas bancas para despedir la tarde, calles maltrechas y polvorientas,
sus casitas con tejas y calaminas muy cerca a sus chacras. Estos villorrios
están distribuidos en las quebradas que drenan hacia el rio, en la jalca los
bofedales y en la puna los extensos pastizales con el íchu esperanzador y los
nevados que “lloran” el cambio del sinuoso
“progreso” y los efectos de la “modernidad”.
Los
aluviones de Huaraz, (1941) Ranrahirca (1961) y Yungay (1970) accidentalmente
volcaron todo su lodo como un vendaval, la ira de las avalanchas y aludes, es
apaciguada por el rio que soporta las recias precipitaciones, el relámpago y la
lluvia lo vuelve más caudaloso aun; después su lecho reduce su ímpetu
avasallador, se vuelve dócil en el invierno y se sobresalta en el estío. Es la
vida cíclica del pótamo.
Desciende
marcando su pendiente desde sus orígenes, en su itinerario hídrico apertura sus
alveolos a sus tributarios desde Recuay, hasta Huaylas, pasando por Huaraz, Carhuaz
y Yungay, que se descuelgan en sus dos márgenes y aportan sus aguas cristalinas
al pótamo; empoderándose con el caudal de sus riachuelos y las quebradas que se
activan en épocas veraniegas, en Huaylas atraves de las rocas ígneas y
graníticas origina energía eléctrica en el Cañón del Pato – Huallanca. Hacia el
Oeste en la provincia del Santa en la bocatoma de Chuquicara su afluente
principal, “entrega” dadivosamente
sus aguas a los valles de La Libertad y Chimbote, Nepeña y Casma, en la
desértica costa de escasa flora, el solitario zapote y el algarrobo reverdecen,
las lagartijas ya no se solean simplemente, sino “aplauden” por el olor a tierra húmeda. El espejismo costeño ya no
es intenso, el “Santa” dió vida al
desierto seco, para luego descansar en el ancho mar.
Todos
los climas del mundo en un pedazo del planeta, una cuenca; desde el polar en
los páramos y jalcas hasta las zonas cálidas en las profundidades del valle, en
las vertientes con sementeras productivas y los floridos encantos de las
palmeras y el geranio.
Las culturas
se trastocan y los hombres envejecen; sin memorias ni recuerdos mueren, pero el
rio sigue ahogando al tiempo; que por su lecho y sus riberas pretende
horadarlo, sin conseguir esa osadía natural.

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