Con un contundente y prolongado estruendo desde las alturas del Cojup en la cordillera Blanca ,el aluvión «barrió »el lado Nor-Este de la ciudad de Huaraz. Ahora la avalancha no es mas que un desierto pedregal, el alud arrasó chacras, animales y sepultó cientos de huaracinos, el barro había escurrido hasta el Hatunmayo, perdimos a nuestras familias, cosas y nuestros sueños.
Ya
joven, entre los papeles de mi viejo en un cartapacio de marroquín encontré en
papel sello sexto, creo que era una misiva.
Hijos,
a cualquiera de ustedes que este leyendo esta carta, cuando haya partido, no me
olviden sino moriré, visítame siempre, así como yo lo hago con ustedes. Los
quiero mucho. Julian.15 de enero de 1,940
.-Donde
nos esperaría.? Si yace en el panteón de Pilatarac, donde cada «Todos los
Santos» le llevamos rosas y claveles como a él le gustaba.
Mejor
hubiera sido no hallar esa carta, de todos modos, mi intriga se resolverá.
Recorrí la ciudad desde los cuatro barrios y en Yarcash en una de las chacras
una bruja descifró la intencionalidad de ésta carta.
.-Anda
al panteón y conversa con tu padre, cuando la negrura de la noche esté sobre la
fría lápida y llévale alguna prenda, para que te reconozca, porque muchos te
han suplantado en este tiempo, y sus cuerpos ya han desaparecidos- Dijo la
vidente.
.-Ya
comprendo entonces porque las almas malditas, mientras la ciudad duerme, ellas dejan
escuchar el arrastre de sus cadenas, que recorren las calles y sueltan el agua
de las piletas de la Plaza de Armas y de Belén, y que por temor las gentes
nunca lo contaron.
Sobre
una lápida marmoleada, a través de los perfiles de los cipreses en la penumbra,
apenas se leía 1,895-1941. - Pa Julián, aquí estoy, te traje tu rondana.
.-Hijo,
quería decirte que te amo como antaño, gracias por traerlo.
.-Muchos
pretendieron engañarme por ambición y avaricia, ahora vagan como sombras por las
oscuras calles de esta tierra y el oscuro pedregal, por ello; esas almas todavía
permanecen en el limbo.
.-Siempre
orientaré tus pasos-Me dijo. Desde entonces, siempre converso con mi viejo. Y
para cortar esto cuando parta no dejaré carta alguna, mis hijos ya lo saben.

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