jueves, 10 de octubre de 2024

LA NIÑA DE LA MOLINA

De las máquinas de escribir electrónicas, donde escribías a párrafos, la confirmabas y   tenías el texto impreso ;a  la  253 (computadoras prototipos de las famosas Pentium) de los años 90 que me facilitaba descargar toda la información de mundo exterior. Con esta maestría  me inserté una vez mas en una institución estatal en Lima, como siempre relacionado a  propiedades.

Al fin de la jornada laboral "los relojeros" (trabajadores con extrema puntualidad)corrían tras el marcador, para "ganar tiempo"  y estar con los suyos.

A partir de las seis , los compañeros de trabajo iban abandonando las oficinas. Para consolidarme como burócrata, el horario nocturno era el más óptimo para desarrollar las cargas encomendadas. Decían que las máquinas se encienden solas, y hay alguien desconocido en estas horas.

Ciertamente en una de esas noches oía el ruido de las impresiones, que me obligaban a recorrer todas las oficinas y constatar si alguien enviaba impresiones en red. Vano era la búsqueda, ya el vigilante había apagado las luces de las oficinas, excepto la del fondo de abogados litigantes, pero ya los burócratas no estaban.

Al día siguiente, coincidentemente como sobremesa del almuerzo comentaban de la compañía de una niña en las noches, inducían al temor. Seguramente  los sanitarios de los servicios eran  exclusivos para niños. Al contrario, quería conocerla para que mis noches sean una catarsis del duro trabajo diurno.

La costumbre de los años ,se imponía sobre cualquier pretensión de infundir miedo, siempre permanecía hasta después del horario normal, siempre lo había hecho, y en COFOPRI no iba ser la excepción.

En una de las noches, el día había sido agotador ,muchos planos, búsquedas catastrales, hasta valorizaciones, un "pestañeo" me llevó a conocerla, solo en mis sueños, aprecié fugazmente en la sala de archivos su bella infancia, desperté asustado y me atreví ir a buscarla, el archivo estaba cerrada y oscura, mientras el vigilante dormitaba tras su vidriado mostrador. Regresé a mi escritorio.

Apenas entre susurros logré escuchar con voz infantil . .-Me buscabas ?... Sin darme vuelta, bajé el volumen del Youtube y me centré, pero nuevamente.

.-Siempre los acompaño, no teman .-Dijo claramente con voz delgada. Quedé pasmado ; y de reojo vi alejarse entre las sombras del invierno de1,997.

Con el alma perturbada, apresuradamente alisté mi mochila y apagué el viejo computador , la impresora y las luces, salí a oscuras, acompañándome ella hasta el tarjetero (marcador a salida). (Instalaciones de COFOPRI en la  Molina)


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