En Celendín una de las provincias de la ciudad CIU Cajarmarca ;región situada en la parte nororiental del Perú, la feligresia católica conserva con mucha fé,una de las costumbres impuestas por los españoles en el proceso de conquista y transculturización.
Marcial, un joven campesino que
emigró a la zona urbana,dónde el flujo social es imperantes,gentes de todas
partes pululaban las plazas y calles serranas,de entre ellos grupos evangélicos
cantaban al Creador y con su prédica intentaban captar "ovejas
descarriadas"
Ya antes Marcial, había sido
tentado por diversas sectas, el pensaba
que los diezmos era para comprar un asiento en la eternidad, o también la
realidad era que los "dirigentes "se enriquecían con las ofrendas del
empobrecido creyente. Pero también se dijo.A que he venido a este mundo? y el
mismo se respondía. A ser chacarero? o
más tarde seré un empresario como mi tío Francisco? o talvez tendré muchos
hijos?.o soy producto de una noche caliente de mis padres?
No había respuestas contundentes
para esa simple pregunta. Tocaba las puertas de las iglesias y nunca obtuvo
respuestas. Será porque la respuesta estaba en el más alla ?. Dejó de lado estás
perturbaciones y ancló en el catolicismo,de tanto estar en las homilías,
pasó a acólito y después a monaguillo, previamente fue el
limpiador de las habitaciones de los sacerdotes y monjas del convento.
Decía para si.-Que ricas están
estás monjas. No son como mis cholas.
Casi todos eran de origen
español, el sacerdote encargado de las liturgias, un cincuentón casi calvo, alto y
demasiado estricto, desde el púlpito sermoneaba a cumplir la palabra.
El cura y Marcial constituyeron
una excelente dupla en los bautizos, matrimonios, santos óleos hasta exorcismos.
Creyó haber encontrado lo que más
buscaba, una relativa paz, alimentación y unas propinas, pensaba estar a las puertas del cielo y haber resuelto su
gran incógnita. Luego de la misa
dominical y el conteo de las limosnas ,almorzaban todos en la gran mesa de
cedro, que él cuidaba con esmero, fungía de mozo y lavaplatos pero tenía el honor
de compartir con curas de traje negro con alzacuellos blancos
y monjas con túnica anchas hasta los tobillos ,con un cinturón negro en la
cintura. Notaba las miradas entrecruzadas entre curas y monjas, guiños, hasta
algunos saludos indecentes.
El cura mayor se enfermó y tuvo
que dejar a Marcial con otro sacerdote, acudieron a la agonía de un pueblerino para los santos
oleos, el sacerdote se olvidó la estola (una prenda parecida a la chalina).
Volvió al convento entrando raudo, cruzando los portales y habitaciones, y de uno de estas oyó
suaves jadeos , sigilosamente se acercó
por la ventana entreabierta, las rosadas ancas, eran abrazadas por manos que se
deslizaban hasta los blancos muslos.!uyy carajo este tiene los huevos como de
chancho verraco! - Dijo sorprendido.
Al día siguiente, habló con el cura y renunció asistirlo, no explicó sus motivos. En su caserío extrañaba pendular los sahumerios, contar las limosnas, las suculentas comidas y los añejos vinos. Sin encontrar respuestas de su venida a este mundo, después se convirtió en ateo. (Basada en hechos reales, contada por Silva:)
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