jueves, 10 de octubre de 2024

EL MUCHACHO QUE QUISO SER CURA

En Celendín una de las provincias de la ciudad  CIU Cajarmarca ;región situada en la parte nororiental del Perú, la feligresia católica conserva con mucha fé,una de las costumbres impuestas por los españoles en el proceso de conquista y transculturización.

Marcial, un joven campesino que emigró a la zona urbana,dónde el flujo social es imperantes,gentes de todas partes pululaban las plazas y calles serranas,de entre ellos grupos evangélicos cantaban al Creador y con su prédica intentaban captar "ovejas descarriadas"

Ya antes Marcial, había sido tentado por diversas sectas, el  pensaba que los diezmos era para comprar un asiento en la eternidad, o también la realidad era que los "dirigentes "se enriquecían con las ofrendas del empobrecido creyente. Pero también se dijo.A que he venido a este mundo? y el mismo se respondía. A ser chacarero?  o más tarde seré un empresario como mi tío Francisco? o talvez tendré muchos hijos?.o soy producto de una noche caliente de mis padres?

No había respuestas contundentes para esa simple pregunta. Tocaba las puertas de las iglesias y nunca obtuvo respuestas. Será porque la respuesta estaba en el más alla ?. Dejó de lado estás perturbaciones y ancló en el catolicismo,de tanto estar en las homilías, pasó  a acólito  y después a monaguillo, previamente fue el limpiador de las habitaciones de los sacerdotes y monjas del convento.

Decía para si.-Que ricas están estás monjas. No son  como mis cholas.

Casi todos eran de origen español, el sacerdote encargado de las liturgias, un cincuentón casi calvo, alto y demasiado estricto, desde el púlpito sermoneaba a cumplir la palabra.

El cura y Marcial constituyeron una excelente dupla en los bautizos, matrimonios, santos óleos hasta exorcismos.

Creyó haber encontrado lo que más buscaba, una relativa paz, alimentación y unas propinas, pensaba estar a  las puertas del cielo y haber resuelto su gran incógnita. Luego de la  misa dominical y el conteo de las limosnas ,almorzaban todos en la gran mesa de cedro, que él cuidaba con esmero, fungía de mozo y lavaplatos pero tenía el honor de compartir  con  curas de traje negro con alzacuellos blancos y monjas con túnica anchas hasta los tobillos ,con un cinturón negro en la cintura. Notaba las miradas entrecruzadas entre curas y monjas, guiños, hasta algunos  saludos indecentes.

El cura mayor se enfermó y tuvo que dejar a Marcial con otro sacerdote, acudieron a  la agonía de un pueblerino para los santos oleos, el sacerdote se olvidó la estola (una prenda parecida a la chalina). Volvió al convento entrando raudo, cruzando los portales y  habitaciones, y de uno de estas oyó suaves  jadeos , sigilosamente se acercó por la ventana entreabierta, las rosadas ancas, eran abrazadas por manos que se deslizaban hasta los blancos muslos.!uyy carajo este tiene los huevos como de chancho verraco! - Dijo sorprendido.

Al día siguiente, habló con el cura y renunció asistirlo, no explicó sus motivos. En su caserío extrañaba pendular los sahumerios, contar las limosnas, las suculentas comidas y los añejos vinos. Sin encontrar respuestas de su venida a este mundo, después se convirtió en ateo. (Basada en  hechos reales, contada por  Silva:)

 


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