jueves, 21 de abril de 2022

EL BECERRO DE ORO

Antu, un joven amante de la geografía y la naturaleza había seguido estudios técnicos en Lima y Huaraz; había recorrido gran parte del norte serrano del país, por necesidad y su proactividad lo empujaba a participar siempre en las campañas de campo del Ministerio de Agricultura.

Lo convocaron para la campaña de Catastro, en Santiago de Chuco, distrito de Angasmarca, en la confluencia de los ríos Angasmarca y San Francisco. La comitiva conformados por ingenieros y   arquitectos, también técnicos como él, se hospedaron en la casa de ex agente municipal de Santa Clara de Tulpo, quien había fallecido un año atrás, recibiéndoles su mujer y su hija, ésta última una madre soltera con una hija pequeña.

Muy temprano salieron al campo para contactar con los campesinos e inspeccionar sus parcelas, muchas veces los agricultores apreciaban la presencia de los temporales visitantes, Antu había tomado confianza con Idelfonsina, la hija de la autoridad municipal, quien decía que el Pedro lo acosa y no sabe qué hacer. Pedro era de Trujillo y tenía su chacra vecina al padre de Idelfonsina, que ahora ella y su madre la regenta. En las noches mientras disfrutaban de la mazamorra de calabaza y una panizada .-Este Pedro es muy ambicioso y violento, por atrapar el becerro de oro se ha quedado  cojo, decía.

Una tarde regresó del campo temprano al hospedaje, y vió sentado bajo el árbol a un hombre a quien le saludó, correspondiéndole con una venia. Según su descripción física era Pedro, un cuarentón con sombrero de ala ancha y una daga al cinto, lo que le preocupó a Antu, salió Idelfonsina a recibirle y aquel se le acercó. - Que hacen ustedes aquí.?  Preguntó. -Trabajando, respondió. Notó su enfado, quitándose su sombrero movía y se rascaba la cabeza, él había notado el rengueo en su caminar y comprendió lo que Idelfonsina le contó. 

En el anexo vecino, en las tardes los parceleros se reunían para vibrar con los encuentros de vóley de la muchachada campesina, al que los técnicos visitantes se integraban, al término les invitaron cervezas y confraternizaron compartiendo mutuas experiencias, los técnicos mas jóvenes no sacaban la vista de las hermosas chicas. Jorge y Antu se enfrascaron a libar; hasta que se les hizo tarde y de inmediato iniciaron el retorno a la posada, en el camino la leve garua se hizo una intensa lluvia, que encharcó el camino, las chacras y las quebradas, guareciéndose en un pajero.

Cesó el aguacero, también llegó la noche, perdieron el rumbo, solo escuchaban el estruendo de los ríos, caminaron a tientas, entre pencas y arbustos al fin llegaron al puente de palos para cruzar al otro lado. Ligeramente la noche se abrió, pero conservaba su negrura, ya habían pasado lo peor, mojados y embarrados por el lodo empezaron a gatear sobre el delgado y tembleque puente, Jorge mas temeroso siguió atrás, Antu volteó la cabeza hacia la intersección de los ríos y sobre el pasto verde vio un becerro muy brillante, luminoso, parecía fuego; comía el pasto moviendo su cola.

Cruzaron a la otra margen, no había forma de llegar a su posada, ya los lamparines de las casas no alumbraban, entonces lanzaron piedras en todas direcciones, donde los perros ladraban era su  posada. Al día siguiente Antu contó a Idelfonsina , lo sucedido anoche, quien le apoyó en el lavado de sus ropas del del barro. 
 





 



          

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