jueves, 21 de abril de 2022

CONTORNEOS EN EL PEDREGAL

 Estaba dejando mis traumas de la hecatombe de mayo de 1970, el mismo recorrido desde los módulos instalados sobre las chacras en el jirón Manco Cápac en Nicrupampa, hasta mi colegio La Libertad en la parte baja de mi nuevo barrio.

Por el molino de Debelles cerca de la piscicultura, a través del angosto puente de palos; llegamos al “aluvión”, y por el pasaje con muros de adobes entre melocotoneros, capulíes y maizales cruzábamos Yarcash, de éste; por un desvió al Jirón Ladislao Meza, muy cerca de Molinopampa y Pumacayan y por el otro desvío a la Alameda Grau, la iglesia San Francisco, y a los terrenos de la antigua Escuela Normal Mercedes Indacochea ,y  mi colegio.

El “aluvión” era un descampado que cubría el margen izquierdo del río Quillcay, muchas piedras blanquecinas y algunas rocas rojizas juntamente; con arbustos y animales fueron arrastradas desde la laguna Palcacocha, por la subcuenca  del río Paria,la avalancha sobrecolmó las tranquilas aguas de la Jiracocha por la quebrada del Cojup que arrasó e inundó parcialmente la ciudad en el año 1941.

Desde Unchus y Huanchac muy temprano por el camino adyacente al río y al “aluvión”; bajaban recuas de asnos con sus cargas de leña, leche, y maíces en sus lomos. Las hierbas aromáticas y los quesos traían las campesinas envueltos en sus coloridos «quepis» para venderlos en el mercado huaracino.

En la arboleda entre el aluvión y Yarcash funcionaba un horno que expendía pan con «vendaje».El dueño del horno ya había hablado con Estela para “cachuelar”. Sin titubear en las tardes, luego de mis clases cruzaba el inhóspito pedregal hacia la casa donde funcionaba el horno de arcilla.  

En una de las  tardes me ganó el tiempo, apoderándose la penumbra; perdí mi sombra y también casi el sendero, a lo lejos sobre las rocas las flamas de fuego silueteaban perfiles cadenciosos de mujeres, era tal vez mi borrosa visión o mi enfado por mi tardanza motivada, pensé en las chicas del burdel cercano que quizás deambulaban por ahí …no; a esa hora ya estaban laborando, o tal vez las energías caloríficas del intenso sol huaracino atrapadas por las rocas y su dilatado vaporizante paulatino en el proceso del enfriamiento lítico al anochecer. Un poco asustado al fin llegué al horno a pernoctar.

Esta labor comprendía aparte de “bolear” la masa antes de “dormirla”, hacer escobas para barrer el horno; para ello; en la madrugada me internaba al bosquecillo ; a cortar ramas tiernas de eucaliptos y hierba santa con el machete en una mano y mi temor en la otra,

- Flaco, ¿Cómo amaneciste? Me dijo el panadero.

. -Procura llegar temprano sino las chicas te atrapan. - Decía, mientras con la pala metía los panes al quemante horno. Después en grandes canastos los cuayes, panes y bizcochos salían a los minoristas y a las bodegas. Retornaba a casa con una bolsa de panes con gran “vendaje”, dormir un poco y seguir la rutina.

                                 

            
 

     

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