En el trayecto hacia la sierra, por una trocha
carrozable adyacente al río, en tiempos de crecidas ésta vía era inundada y los
mangales criollos del caserío de Quian eran socavadas sus raíces, en perjuicio
de los campesinos.
Desde el siglo pasado; no solo las inundaciones y el fenómeno
el Niño,afectaron a los chacareros sino la presencia de ladrones que hurtaban
los mangos de los árboles, en cada cosecha veían disminuido su producción.
Entonces cada campesino según las creencias de sus abuelos enterraron
superficialmente en sus parcelas calaveras ,traídas del cementerio del cerro,
desde entonces sus mangales volvieron a producir como antes.
Siguiendo el
trayecto hacia la zona intermedia de la cuenca del rio Culebras; en Huayash,
Cuzmo, Raypa las quebradas están llenas de palta, específicamente en Raypa del
distrito de Huanchay, provincia de Huaraz.
En un tiempo llegó un campesino
desconocido para este caserío, la gente pensaba que era poblador de otros
lugares vecinos. Como no tenía familia, se fue a vivir lejos del pueblo como un
ermitaño, bajaba de vez en cuando a hacer sus compras.
.- Dame dos kilos de
harina y uno de manteca, siguió caminando entrando a otra bodega y .–Dame ese
poncho marrón. Siempre compraban en regulares cantidades, pero a los
comerciantes no reditaban sus ganancias, la plata de las ventas desaparecia de un día para el
siguiente.
-Josefa, donde está la ganancia de la
mercadería vendida, quién no está robando.? preguntaba. El campesino, no era
amigable con la gente del pueblo.
Tenía que gastar el dinero hasta las doce de
la noche, pues esta plata luego desaparecía, razón por el cual las bodeguitas
empezaron a fracasar y causar riñas en la familia.
Los bodegueros coincidían que
había vendidos mayormente a este desconocido campesino. Se reunieron y fueron en
su búsqueda, caminaron entre los cerros y quebradas encontrándole en una cabaña
sin vida.
Por la caridad cristiana, lo llevaron a velar al pueblo, el teniente
gobernador costeo los gastos del funeral, velándole en local comunal, los
pueblerinos brindaban con alcohol y chacchaban coca.
Cuando lo cargaron para
enterrarlo, el ataúd no pesaba como cuando lo velaron.
Carajo. -Ha desaparecido, no puede ser si anoche estaba ahí .–Decían.
Sorprendidos tiraron el cajón, y solo encontraron el poncho marrón y productos de las bodegas.

No hay comentarios:
Publicar un comentario