viernes, 27 de noviembre de 2020

SONZO MUTCHE - EL BESO VOLADOS

La neblina todavía no se había extinguido, a la altura de la calle Cajamarca subía por Quichqui Nani,  con un gran canasto sobre su hombro casi bamboleando a cada lado , para equilibrar el peso del bulto o tal vez silenciosamente acompasaba alguna chuscada.

Con su raída casaca oscura, y gorra a medio lado, barba rala, bigote y cabello despeinado aceleraba su caminar, aunque la pendiente de esta calle no afanaba caer en el sudor mañanero. A veces lo perdía de vista, en cada calle transversal salía y entraba a la del frente, cada vez mas ligero, ya en la plazuela de La Soledad, volteaba hacia el horno de don Roberto, perdiéndose por una calle empedrada y silenciosa.

Había culminado su jornada, era su primera rutina, a esta hora el ambiente local se había disipado, la claridad tomó su lugar y un nuevo día empezaba. En sus recorridos entre panaderías y bodegas, no dejaba de enviar besos volados a las hermosas huaracinas que tempranamente aseaban sus calles.

Al medio día, por el jirón Gamarra se dirigía al mercado cerca al cine Radio, en la esquina de fachada alta había un portón entreabierto; en su interior las gentes con brazos alzados y voces ásperas entonaban himnos celestiales, otros en los flancos, inclinados casi besando al suelo murmuraban, muchos con rostros terrosos desde los caseríos rurales abarrotaban el recinto religioso.

Él a esta hora ya estaba sentado en algún puesto del mercado, presto a almorzar, no era un zonzo, tenía sus debilidades psicológicas como muchos que ignorantemente lo llamaban así. Su comida era la retribución de algún mandado mañanero que lo cumplía con creces.

Casi al caer la tarde en la Plaza de Armas, los muchachos que trabajaban en la calle, sentados en sus cajones disfrutaban de las ricas paltitas negras del Callejón. -Cuanto has hecho.? me preguntaba. Le compartí un pedazo de pan con palta …-“Oeg,oeg” agradecía. Algunos chiquillos actuaban torpemente a quienes los reñía, correteándolos por toda la Plaza, bastaba apreciar su enojo a través de palabras atragantadas por una mudez de nacimiento. Casi a esa hora los burócratas corrían prestos a sus casas; ellos habían culminado sus labores… y nosotros? 

Muy a menudo nos acompañaba en el relajo, gesticulaba perfectamente su ideas, abriendo medianamente sus brazos y meciendo su cerviz hacia atrás y un –“Oegrr,Oegrr” nos saludaba, manifestando su alegría.En las columnetas semicirculares de la Plaza, frente a la heladería “Montes” nos distraíamos con revistas de Alma Grande y Chanoc, también Juan Sin Miedo y el Llanero Solitario que alquilaba el “gringo”, a él gustaba Tarzán, sobre nuestros hombros alargaba el cuello y …-“Oegrr,Oegrr” apuntaba con su dedo sucio al hombre mono. 

Por su trabajo; frecuentaba el barrio de San Francisco; los jirones Los Alpes, Paraguay Cajamarca y Venezuela, entre bromas limpiándose sus mocos con su manga gesticulaba -”Oegrr.Oegrr”…Esa muchacha quiere casarse contigo…Soltando gruñidos de una carcajada silenciosa.

Era bienvenido a la casa, nos ayudaba a serruchar las rajas de leña, para que Guillicho lo comercie en pequeños atados en su bodega de la esquina. Nunca le molestamos, para nosotros era Mutsze el “beso-volados”, esto le agradaba y sonreía mirándote de pies a cabeza. Con sus manos y sus dedos entrecruzados manifestaba estar por los cincuenta y que había tenido muchas novias. 

Sobrevivimos la hecatombe de mayo de 1,970 él residía por Challhua, al poco tiempo partió al cielo. También dejé Huaraz. En el revuelo mundano; el tiempo pintó mis cabellos de nieve blanquecino, plisaba mi faz y hasta pretendió dejarme calvo, sin hacerme viejo.

En un rincón de La Victoria en Lima, emprendí un taller de mecánica de banco donde Teobaldo, cariñosamente Teo, chalaco de nacimiento un joven tornero de la SENATI, era de mi confianza. Entre diálogos me decía que me conocía desde antes, me recordaba los relajos en las verdes bancas de la Plaza. 

.-Conoces mi tierra.? Sí, señor...-Fuiste de vacaciones o en tu viaje de promoción.? Retruqué. Rengueaba ligeramente al caminar, detrás del torno sin dejar de tararear antiguos huaynos modelaba piezas en fierro y hasta en acero.

Lo invité a conocer mi tierra. En Huaraz descendimos del bus, entre el vaho de nuestros alientos y la belleza de las nieves, frotándonos las manos nos dirigimos al hotel. En el trayecto observaba las cordilleras y el Huascarán, y en su rostro noté su álgida nostalgia.

.-Vamos al horno de Don Roberto...Después al mercado a tomar mi pecan caldo…Decía. .-Y Don Cashi del horno de Ocopampa? y de Don Robles?…Preguntaba.

Quedé pasmado. La vida se vive dos veces…-Pensé.

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