miércoles, 15 de abril de 2020

CHARLIE


Erasmo conducía a regular velocidad su viejo triciclo por la avenida Belaunde en Comas, era un trayecto conocido pero riesgoso, Charlie cubría su cara angelical con sus manitos, y con mantas viejas se cubría su endeble cuerpecillo de la garua invernal.
Ayer solo consiguieron muñecas viejas, sombreros rotos y casi dos docenas de botellas de Crush ,Wisky y mucha cartonería, con este acopio, ya tenía asegurado sus alimentos  del día. Pensativo, pero no se inmutaba, sólo pensaba encontrar a su hijo.
. -Abue, hoy nos toca Miraflores, ahí conseguimos siempre cosas que me gusta.
La ruta a Miraflores, San Isidro, la Molina era rentable, le proveían bicicletas Monark, libros, antigüedades y muchos juguetes en desuso.

. - Si ya nos vamos, santiguándose, que La Sarita nos ayude.
. - ¡Compro ropaaaa viejaaaa  y  cachivaches !
En Maranguita, un jovenzuelo blanquiñoso y de estatura mediana golpeaba en el suelo a un contrincante corpulento. -Carajo dejen de pelear idiotas- dijo el vigilante, golpeándolos con la vara a los peleadores.

Las pandillas del pabellón A, tenían sus cuentas pendientes con los “sueltos” violentos que dominaban el patio, el “cholo huanca” y el “gringo” muchachos que, con chaira en mano, ningún chibolo “suelto” se le enfrentaba.

 “El gringo” despedía al cholo a la calle después de un año, nunca aprendió oficio en esta Maranguita, que está a punto de reventar.

Mi abuelo en cada parada se juntaba con mucha gente, seguro que de joven era conocido. En los callejones de Malambito, Huancavelica, el mercado la Aurora de la Av. Emancipación recuerdo aun, era como una pequeña ciudad con un solo caño, las morenas gordas que vociferaban grotescamente a sus hijos que contorneaban con los tamaleros los ritmos zambos, a las selváticas le llamaban charapas que se lavaban sus blancos muslos en el viejo caño, ni que decir de los cholos.  Sus hijos eran mis amiguitos jugábamos siempre.
¡Compro ropas, discos y baratijas…!
. -Abuelo vamos  a Benavides….
. -Sube y guarda los huacos y los candelabros en el costal. El resto era cachibaches que se comercializaba en la Cachina.
. -Por la avenida Arequipa, mi  abue recogía las reliquias entraba  a las casonas y salía con dinero.

En la avenida del Ejército. Ya en la quinta.
. -No lo has visto por aquí.?
. -Ni su rastro, según dicen sus amigotes, se había ido a la selva, donde su madre.
Pasando sus manos sobre su rostro, frunciendo el ceño, casi en tono lastimero. -Ya lo perdí, se dijo.
. -Avisemos a la guardia civil, para que lo busque.
. -Buscaré a su madre y ella me dirá la verdad. Isolina la morena de anchas caderas, luego de animarlo, sacó un Queriolo.
. -Relájate y tómate un trago, hoy es el cumpleaños de mi hijastra. En uno de los cuartuchos de precario techo, se dejaba oír la salsa y otros ritmos cumbiamberos; con la mano sobre el hombro persuadió para llevarlo a la celebración.
A esa hora; Charlie ya dormía en el viejo triciclo cubriéndose con mantas viejas.
Las bocanadas de humo y los licores trasmitían la alegría fiestera, la gente morena  en familia, otros con perfil andino, tímidos y apáticos sentados en viejones sillones que el abuelo obsequio a Isolina. Las morenas apresuraban bailar con el abuelo, que a sus seis décadas era un empedernido bailarín, un as del cubilete y las cartas.

A esta hora el ambiente se calienta. Erasmo en una acalorada discusión se trompea con uno de los morenos fornidos; el abuelo golpea fuertemente a uno de ellos, y este con verduguillo lo hiere y raudamente salta los muros de adobe.
La negra Isolina, a escondidas sanaba las heridas, en la casa  vecina semiderruida de Calvetti. Acercaba sus voluptuosos pechos por el brazo mal herido de Erasmo, que correspondió a la enfermera de urgencia, el sol de la mañana los despertó.
.-Y  Charlie .?
En la casa, tu triciclo también, para que veas soy una buena en esto; sino también se cuidar las cosas-Piénsalo  

Fue recapitulando su historia, no conocía cárcel alguna, sin chuzos ni tatuajes y de vestir elegante, con sus manos de seda ni los “rayas” se escapaban de sus hurtos y fechorías, respetaba su barrio, mas que cualquier vecino, amante de los boleros.

Sus robos en la línea 50 de Tahuantinsuyo, en la Tupac el bolsiqueador causa del  “Rata” que  le “metieron fierro  en Luri” y el Loco Portal, un “canero” viejo  frontonero y  violento que lo extorsionaba en su casa de Pampa de Cueva, este ladrón le esculpió  en carne con  fina navaja la espalda de  Erasmo, que soportaba por el amor a su primera mujer. 
  
Ya sus “causas” no estaban, tampoco pensaba volver a sus andanzas, pero su pasado cada vez afloraba de su interior, se doblegó ante el alcohol entre los rincones de Lima de los sesenta, dejó de buscar a su hijo, Charlie ya no lo acompañaba, Isolina como madre sustituta lo puso al colegio. 

.-¡Compro ropas, discos y baratiiiiijas…! Casi sonámbulo pregonaba, los años no le pesaba, pero el alcohol era contundente, semanalmente veía a Isolina y Charlie y le dejaba unos centavos.

Para entonces el “gringo”, se hizo dirigente de los estibadores de la Parada, y después un médico de San Fernando de la universidad de San Marcos.

Un tiempo después en el Callao, amanecía con llovizna, Erasmo y su viejo triciclo fueron embestidos por un “bussing“en la Av. Argentina  por el Obelisco, aún con vida  lo trasladaron emergencia al hospital Carrión. Los noticieros propalaron el accidente. El gringo por las facciones del rostro de la víctima, pensó que era su padre, pero el paso del tiempo entre el abandono de su madre y su silenciosa búsqueda, era casi imposible reconocer la actual faz de Erasmo.

Isolina en estado de gestación, al enterarse sufrió un desmayo que fue socorrido por su vecina y su hijastra.   
Por la gravedad del accidente lo trasladaron al hospital 2 de Mayo. ¡No puede ser creo que es mi padre!

.- Erasmo, padre, le abrazó fuertemente y escapó algunas lágrimas, él había perdido el habla y la vista, su salud era crítica, pero consciente todavía.
Creo que me llamaba mi hijo Joaquín, pero era muchacho aún, donde andará Charlie mi nieto. - Se preguntaba para sí.




No hay comentarios:

Publicar un comentario

EL LOCO JALISCO

  En el Huaraz de los años sesenta, cuando la ciudad todavía olía a eucalipto y a polvo recién barrido, apareció él. Nadie supo nunca su nom...