Los jovenzuelos desde la esquina con sonoros silbidos “citaban” a la chica de sus sueños, los adolescentes apresuraban las tareas colegiales bajo la atenta mirada de los “viejos”.
Las tiendas cerradas por ser día domingo, las calles estaban desiertas sin ningún oasis a la vista, salvo los chiquillos del barrio que reiniciaban sus juegos infantiles, algunas personas caminaban prestos a los cines, los westerns, una aventura o alguna comedia juvenil los esperaba. A esa hora lograron comprar sus boletos con la propina de la semana o el ahorro de un arduo trabajo semanal.
Por los alrededores del mercado, los negociantes del Callejón, ya recogían sus productos en sus desgastadas mantas y se alistaban partir a sus caseríos. Todo sucedía como de costumbre.
A las tres y veinticuatro de la tarde, la tierra empezó a temblar con furia. La siesta no pudo para mas, los juegos se convirtieron en una realidad fantasmal, los chiquillos dejaron el sano entretenimiento callejero por el temor y el espanto, las calles se colmaron de gente horrorizada; quebrando la letanía callejera; los jóvenes se dejaron “plantadas“mutuamente sin tiempo para reprogramarla. La función en los cines después del “reclame”-trailler se cortó, la película preferida se trasformó a la función de la vida real, donde fuimos protagonistas de este cataclismo.
El entretenimiento, el descanso y todo lo planeado se conjugaron en uno solo.Las gentes se homogeneizaron, asustados y nerviosos se entrecruzaban sobre los desmontes, todos buscaban a los suyos y sentían el estrépito de los derrumbes de las casas. Alguien buscaba a alguien. La siesta se transformó en caos y tragedia.
Plaza de Armas y catedral de Huaraz antes del sismo del 31 de mayo de 1970
La avenida Tarápaca y el Convento de los padres descalzos San Antonio de PaduaCon mi madre Estela Ramirez ,en mi primera comunión -1,968



No hay comentarios:
Publicar un comentario