Las fronteras entre países vecinos se desdibujan ante los ojos del "conquistador moderno". Pugnan tomar tierras ajenas. Mi patria llega hasta más allá de lo que mis ojos miran" dice el viejo General, y pretende avasallar al vecino, que con grotesca voz ante sus enclenques subalternos levanta el ánimo arribista del nacionalismo del siglo XIX. Atrás queda una sana convivencia pacífica entre países "hermanos", que solo se leen en foros internacionales.
Corría el año 1941,Ecuador y Perú frente a frente, en la calurosa Tumbes y sobre el río Zarumilla se desata la guerra. Valentín un muchacho canteño de la serranía de Lima, se enlistó al ejército peruano, así como muchos jovenzuelos cholos en su mayoría provincianos. La raleada selva fronteriza de los meandros del río Zarumilla un escenario hostil para un injusto conflicto producto de los erróneos reconocimientos de los de los hitos monumentados que demarcan el hilo geográfico de los límites para nuestros países.
Por sus aptitudes Valentín Demetrio Castillo Paúcar, con el radio transmisor sujetado a su espalda y su pesada mochila, en la verdosa selva norteña, peleó hasta con machetes y con mensajes oportunos y... "Cambio Zorro...afuera" y otras estrategias militares. Era el responsable de la difícil misión de las comunicaciones en el campo de batalla.
Mientras el capitán Quiñones desde el aire estrellaba su nave sobre un fortín ecuatoriano, previamente su avión fue impactado por antiaéreos ecuatorianos. Los peruanos ocuparon dos provincias enemigas.
Consecuentemente, se firmó el Protocolo de Rio de
Janeiro en Brasil el año 1942, asegurando el domino peruano de su territorio,
que el enemigo consideraba poca clara.
Ya culminado el conflicto, Valentín pasó sus años entre el humo de la combustión del carbón que movía el ferrocarril entre el puerto del Callao y la sierra del país.
Como una cortina en el trascurrir del tiempo, los tiznes en su tez trigueña y el sudor nocturno impregnaban en su serrana mente de aquella guerra infausta donde sobrevivió con coraje. Ahora al mando del viejo tren que acarreaba minerales de los socavones de nuestras ricas minas hacia el exterior, reflejaba su disciplina forjada en los cuarteles.
Los años entre viajes y paradas, jubilaron a Valentín, en su aposento de Chosica descansaba tanto del combate bélico y el olor humeante de los fierros del tren. Su Alma Mater el Ejercito Peruano, no se olvidó de él, el año 2018 ya cuando le llegó "la tarde", fue homenajeado por la loable defensa de los intereses patrios.
Recuerda su nieta Gloria de la Cruz Castillo, hasta cuando pisaba cucarachas afloraba su ímpetu militar que cultivó desde muy joven. Ahora descansa en paz; luego de la misión cumplida.


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