Había llegado de su ciudad blanca, pero ella era morena de una figura envidiable; que muchas mujeres admiraría tener lo suyo. En Lima la situación no era fácil, aunque con la mediana educación recibida de sus padres, los escasos recursos de los trabajos en restaurantes, hoteles y ama de llaves, no le alcanzaban para mantener a su pequeña hija, que lo tuvo con el hijo de uno de sus patrones en Miraflores. Pretendida por jovenzuelos del barrio del Rímac, las noches turbias en discotecas era la preferida de los adictos al baile pegajoso y contorneante hasta terminar en cualquier hostal ,amante al wisky y a la diversión hasta el éxtasis eran sus fines de semanas.
Su libertinaje desenfrenado le
trajo un nuevo hijo, ahora tenía la parejita y todavía podría mantenerlos, sus
progenitores eran desconocidos solo
quedaban sus recuerdos del día a día, o mejor de cada noche de la vida dulce que disfrutaba. Bordeaba los
ventidos abriles, dos hijos sin padres, y todavía una vida por delante de rehacer nuevos emprendimientos que involucren sus
pequeños, para retorcer ese temporal que
lo envolvió en una joven de la cama de las malolientes sábanas de cualquier
hotel ,a una recatada y "vida normal" de una mujer con horizontes de
un buen porvenir.
A su madre en Arequipa, tampoco le
preocupaba la vida de Catalina, sus quehaceres
cotidianos , la sosegada vida en provincias y las cosechas de ajos le
hacían olvidar de que la más guapa de
sus hijas existía.
La miseria rondaba el destino de
Catalina, más aún ,con Josecito completaba la media docena de hijos, todos muy
distintos, unos blanquiñosos, otros achinados, otras trigueñas y solo una
idéntica a ella. Una vieja casona en la Av. Pizarro propiedad de la Beneficencia
Pública de Lima era su morada, tuvo que
recurrir a los comedores populares para
alimentar a sus hijos. Optó por el meretricio callejero en el centro de Lima, por los jirones Caylloma y
la Colmena y como dama de compañía en zona de clase media, actividad que le
resultó relativamente rentable, decidiendo mudarse a Jesús María, sus hijos
mayores ya estaban en la secundaria y tres de ellas en el Colegio Fe y
Alegría y la menor Allison en el Kinder del barrio. Para
su compañía su madre viajo a Lima, conociendo a sus hermosos nietos y también la ciudad era la primera vez venía a
Lima ,
Los años peinaban su cuerpo y el
tiempo plisaba su delicada faz, en el día la abuela y Catalina planeaban la
forma de agenciarse más dinero, ella solo podía cuidar de sus nietos ya el
trabajo en las afueras de su ciudad natal, lo había maltratado que no tenía
muchas fuerzas, al contrario era una carga para Catalina.
Mientras Catalina se estableció
en el Trocadero en el cuarto 27 de la Av. Centenario en el Callao, a ejercer lo que más había
aprendido en sus trentiocho años, vender su cuerpo al mejor postor. Los fines de
semana eran los días donde el "negocio de carne " rendían sus mejores
dividendos ,los parroquianos desde las seis de tarde ya formaban colas
frente a la 27,claro la agarraban más
limpia y también porque su atención era completa.
Allison y su abuela acudían en las noches, a su vecina del
frente, tomándose confianza con Rosaura una dama soltera de buen parecer que
bordeaba los cuarenta años, se había divorciado dos veces por no darle hijos a
sus esposos, era estéril. Rosaura planteó a la abuela adoptar a Allison y
criarlo como una hija ; a lo que la abuela asintió.
Catalina se enteró de la ausencia
de Allison en el día, pero la abuela justificaba.
-No te preocupas por tus hijos, ahora
pretendes cuidarlo...-Allison está en buenas manos. -Decía la abuela.
Catalina pretendió denunciar ante la Policía
la desaparición de su menor hija a lo
que el Comisario insinuó chantajearle
acostándose con ella para aceptar
asentar la denuncia. Este mismo policía obligó a la abuela denunciar a Rosaura
por secuestro de la niña.
Con notificación policial,
Rosaura pretendió usar sus influencias para no ser detenida, sin embargo el
Fiscal la acusó de secuestrar a la hija
de Catalina y dictaminó ocho meses de prisión
preventiva,
Mientras la abuela era presionada
por personal policial, para que su declaración confirme que Rosaura había
planeado el secuestro de su nieta. Pero la acusada ,contrató investigadores
privados para conocer el motivo de la presión de los policías para detenerlo.
Ella aprovechó la cuarentena por
el COVID-19 para permanecer en una de sus propiedades de Punta Hermosa,
mientras la policía la buscaba por todo el país. La intención de Catalina no
era propiamente recuperar a Allison, sino utilizarla para que Rosaura la
mantenga a ella y su madre, que había sido contagiada por el maligno virus, igual
que a ella el cáncer al útero la estaba debilitando. Mientras Allison veraneaba
en Miami Beach con la familia de Rosaura.
Los investigadores privados
detectaron un red de extorsión, chantaje y tráfico de niños al interior de la
policía y destaparon la corrupción en la casa policial; dirigida por el Comisario y sus secuaces policiacos del
mismo modo en el poder judicial.
Consecuente archivaron el expediente de la denuncia contra Rosaura.
Al poco tiempo; la abuela falleció en su natal Arequipa,mientras Catalina recibía tratamiento anticancerígeno en el Hospital Neoplásicas de Lima. En estados Unidos, Rosaura finiquitaba la adopción legal y naturalización de Allison. (De un caso real, contada por Catalina, trabajadora de COFOPRI-2023)

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