Juegan las inocentes almas de
los viejos de hoy,
el mágico trompo gira en la
plazoleta de cemento,
saltando
a un pie sobre la tiza y el despintado mundo,
la
siria también girando entre tus inocentes manos.
Redondas
de colores las canicas buscan barrenar
el
hoyo del juego, hasta la profundidad del suelo.
No
alcanzas jugar en el verde césped y corres
para
las escondidas detrás de la noche de ayer.
La
ígnea y blanca montaña con furia se estremece.
y como
una ola emerge. El suelo se retuerce,
sus
temblores quiebran los adormecidos adobes
del
espléndido Callejón y sus pueblos se mecen.
Corren
los miedos entre las esquinas llorosas,
madres
que extrañan a sus párvulos del parque,
padres
que retienen el dolor en sus gargantas,
hijos
que velan la noche agrietada por el desastre.
El
desgraciado destino, obliga al ocioso tiempo
desvelar
y quebrar tus plazuelas poligonales.
El
domingo de siesta se fue con el infantil juego,
mientras
los escombros terrosos; caen en silencio.
Mayo
de mis muertes, alborada de tus octubres.
Cuanta
sed de plegaria arrastra el río Santa,
desde
los muros enhiestos y empedradas calles,
hasta
los estruendos de la catedral de roja cúpula.
Mi tierra
de colores, resiste el vaivén ajeno,
eucaliptos
y ensueños frente a la funesta tarde,
nublando
mil infancias desde Pumacayán
el cerro, hasta Washawacta voy
a tu encuentro.
Lima, mayo 2020
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| La plaza y catedral de Huaraz antes del sismo de mayo de 1970 |
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| El convento de los Padres descalzos de San Antonio en el barrio de Huarupampa, en la antigua Av.Tarápaca |


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