lunes, 25 de mayo de 2020

EL JUEGO Y LA INFAUSTA TARDE

      Juegan las inocentes almas de los viejos de hoy,
    el mágico trompo gira en la plazoleta de cemento, 
   saltando a un pie sobre la tiza y el despintado mundo, 
la siria también girando entre tus inocentes manos. 

Redondas de colores las canicas buscan barrenar
el hoyo del juego, hasta la profundidad del suelo.
No alcanzas jugar en el verde césped y corres
para las escondidas detrás de la noche de ayer.

La ígnea y blanca montaña con furia se estremece.
y como una ola emerge. El suelo se retuerce,
sus temblores quiebran los adormecidos adobes
del espléndido Callejón y sus pueblos se mecen.

Corren los miedos entre las esquinas llorosas,
madres que extrañan a sus párvulos del parque,
padres que retienen el dolor en sus gargantas,
hijos que velan la noche agrietada por el desastre.

El desgraciado destino, obliga al ocioso tiempo
desvelar y quebrar tus plazuelas poligonales.
El domingo de siesta se fue con el infantil juego,
mientras los escombros terrosos; caen en silencio.
  
Mayo de mis muertes, alborada de tus octubres.
Cuanta sed de plegaria arrastra el río Santa,
desde los muros enhiestos y empedradas calles,
hasta los estruendos de la catedral de roja cúpula.

Mi tierra de colores, resiste el vaivén ajeno,
eucaliptos y ensueños frente a la funesta tarde,
nublando mil infancias desde Pumacayán
el cerro, hasta Washawacta voy a tu encuentro.

                                                                  Lima, mayo 2020
La plaza y catedral de Huaraz antes del sismo de mayo de 1970

El convento de los Padres  descalzos de San Antonio en  el barrio de Huarupampa,
 en la antigua Av.Tarápaca 


















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