Después del terremoto en Huaraz y el Callejón de Huaylas, el martes 02
de junio de 1970 el primer avión en volar la zona devastada fue de bandera
chilena, surcaban los cielos y a baja altura arrojaba los paquetes de ayuda a
la periferia de las zonas de desastre en los cerros de Nicrupampa,Los Olivos y El Pedregal, los muchachos íbamos
a recoger las frazadas, pollo frito y mas que todo recuerdo la carta de solidaridad del presidente Chileno
Salvador Allende. La ayuda de otros países americanos y europeos; llegaron posteriormente. El gobierno, entonces, organizó comitivas de apoyo vía terrestre o por
mar en buques.
Las primeras toneladas de ayuda intentaban ser llevadas hasta las zonas más golpeadas
Después del sismo nos asentamos en la zona rural de Nicrupampa, ubicado
en el lado Este de Huaraz específicamente en el Jr. Manco Cápac, sobre chacras
no cultivadas, en barracas con colchas, palos y plásticos,
proveyéndonos de aguas del rio Quilcay o
de la piscicultura junto al molino de Debelles, por un puente de palos
cruzábamos el rio hacia a Yarcash, era un pedregal de grandes rocas traídas por
aluvión del año 1941.
Cuando de forma imprevista y apresurada las tropas del ejército peruano instalaron las
carpas, horas mas tarde una comitiva policial acompañaba a Patty Nixon esposa
del presidente norteamericano Richard Nixon, para verificar y saludar a los
damnificados. Mientras las medicinas y material médico se quedaron en algún
hospital de Lima.
La Junta de Asistencia Nacional-JAN institución que recibía la ayuda nacional
estaba a cargo la Sra. Colomba Ghiglino de Maguiña propietaria de la fábrica de
la gaseosa huaracina El Fénix además, presidente de la Cruz Roja
A orillas de rio Quilcay, a la espalda de la Av. Manco Cápac, en un área
donde funcionaba un aserradero, la JAN estableció un almacén, donde clasificamos
los víveres, ropa usada, frazadas y otros comestibles, la mayoría de procedencia extranjera.Los muchachos de este almacén contaban que las ropas y
frazadas en mejor estado y calidad era separada cuidadosamente y empacado,
otros paquetes eran enviados “seguramente” a otras provincias ancashinas.
Como salario nos daban diariamente víveres, es decir propinas. Hacíamos
lo posible para auto beneficiarnos, convirtiéndonos en ladronzuelos por
necesidad, porque en Nicrupampa nunca se repartió nada. Me encantaba las
conservas de fruta chilenas, las leches evaporadas y los jugos canadienses.
Las gentes tenían que hacer largas colas para recibir algunas raciones
de víveres comida y de frazada; recibías si es que “sobraba”.
La entrega de las donaciones y de la Cruz Roja Internacional a los
damnificados fue realmente discriminatoria, sino formaban parte de un buen apellido/gente
acomodada/conocida, era poco probable que recibas las donaciones como debe ser.
Esto causó cierta incomodidad en el pueblo huaracino, donde los pobres fueron
los últimos. La injusticia y la tragedia se daban la mano.
Las carpas entregadas se deterioraron; posteriormente nos entregaron módulos de
material prefabricado con techo de fibrocemento rojo.
Lenta y desordenadamente
esta parte de Nicrupampa fue urbanizándose con pilones y apertura de vías.La pobreza fue imperante cada vez mas, empezaba la reconstrucción en la zona urbana de Huaraz
con la construcción de casas, bajo un mismo diseño, eran vendidos a los
propietarios de los lotes damnificados a precios exorbitantes, muchos dueños prefirieron
autoconstruir sus viviendas.
A nadie le importó el inadecuado diseño urbanístico, se inició la construcción del caos en la ciudad.
Paseando por la plaza de armas en el año 1980

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